¿Cuántas vidas tiene Kamila Govorcin?
Es una de las pioneras de la escena electrónica nacional, transitando con libertad entre el circuito clandestino y multitudinarios escenarios de talla mundial. Pero antes de la música estuvo la Ingeniería Comercial y, antes aún, el deporte profesional. ¿Cuántas vidas ha tenido la DJ y productora Kamila Govorcin? ¿Y cuántas más le quedan por vivir?
La conversación con la DJ y productora Kamila Govorcin, precursora del género electrónico en Chile y una de las figuras más prominentes de la escena nacional actual, comienza con una confesión.
– Acabo de descubrir que eres Ingeniera Comercial. Y de la Universidad Católica.
Ella, que suele hablar en voz baja y con tono suave, estalla en risas.
– ¡Cómo cachaste! – exclama.
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Cada pieza de información que Govorcin ofrece sobre su biografía es recibida con una combinación de sorpresa, asombro y sensatez, como si jamás nadie hubiese podido imaginarlo y, al mismo tiempo, fuera lo más obvio del universo. ¡Con razón! ¡Cómo no lo pensé antes!
Su historia musical inicia con el “privilegio”, como ella lo define, de haber vivido en Inglaterra de los diez a los trece años. Ahí, explica, quedó enganchada para siempre con el arte y la música en particular. “Imagínate, el boom de los noventa con el pop inglés y la electrónica también”, recuerda y, como si siempre tuviera sus nombres en la punta de la lengua, rápidamente enumera a quienes poblaban sus oídos durante la adolescencia: “Oasis, Blur, Portishead que me gustó más grande, Pulp, The Chemical Brothers, Ace of Bases, hasta las Spice Girls”, dice. “Me encantaba Radiohead. Escuché un montón. Era súper chica, no se lo recomiendo a una niña de diez años…”.
Y aunque ahora es quizás fácil reconocer qué elementos de esas bandas están presentes en su trabajo actual –e incluso cuán similares parecieran ser las personalidades de la artista chilena con, por ejemplo, el tranquilo Thom Yorke–, el panorama era menos evidente en ese entonces.
– Mi viejo era químico y le asignaron una pega allá, sólo tres años. Después me alejé de la música, tomé otros rumbos y volví como a los 26, 27 años.
– ¿Y ese lapsus, por qué?
– Porque me dediqué al deporte y estudié Ingeniería Comercial.
De las pistas a las pistas
Así es: Kamila Govorcin, antes de ser una de las pioneras del género electrónico en Chile, se dedicó al atletismo de manera profesional, formando parte de la selección nacional, representando al país en competencias internacionales e incluso obteniendo una medalla sudamericana. “De hecho, viví como seis meses en España porque a mí con otra chica atleta nos reclutó un entrenador español, que dijo ‘vénganse, yo quiero entrenarlas’. Tenía un equipo de atletas olímpicas”, relata. “Era buena para correr”.
El siguiente capítulo inesperado en la historia de su vida es académico: Govorcin entró a estudiar Ingeniería Comercial en la Pontificia Universidad Católica de Santiago, donde se tituló a los cinco años con excelentes calificaciones. “Pero bueno, no me duró mucho tiempo”, dice. “Terminé de estudiar, trabajé unos años y terminé odiando. Es otro mundo que no me interesa”.
En 2010, mientras trabajaba en ese rubro, emprendió un viaje a Perú. “Me hice muy amiga de un gringo, y él me empezó a mostrar un montón de música que estaba de moda en Estados Unidos en esa época. Era otro rollo igual, más indie”, cuenta. “Me mostraba DJs y yo ni cachando lo que eran. Me decía ‘Kami, tú deberías mezclar’, y yo como: ‘¿Qué es eso?’”. La semilla, sin embargo, había sido plantada. “Me empecé a obsesionar con la música. Empecé a investigar un montón. Armaba listas de reproducción, empecé a cachar qué era un controlador, me compré uno y le ponía música a mis amigas en los cumpleaños”, señala sonriendo. “Y así. Como que no paré”.
En 2013, Govorcin se encontraba en un mal momento personal. “Estaba con una depresión gigantesca, trabajando en empresas que detestaba y sintiéndome muy frustrada y desvalorada”, rememora. “Hasta ese momento, la música era un hobby que me hacía muy bien. Era una especie de terapia para mí, me ayudaba a salir del estrés y la tristeza”.
Ese año, los cambios ocurrieron certeros y sucesivos: renunció al trabajo tradicional y su padre falleció. Determinada a encontrar entornos laborales más alternativos y abiertos, llegó a la productora de eventos Santo Remedio, donde obtuvo los conocimientos del medio que le interesaba y, además, contó con la flexibilidad suficiente como para dedicarse a la música. “Me movía tanto por dentro que sentía que tenía que hacer algo al respecto”, explica. “Y estuve ahí hasta que ya ni siquiera podía trabajar los fines de semana en los eventos porque tenía más pegas como DJ”.
Descubrir el sonido
El primer tema de su autoría surgió en 2015 basado en incontables tutoriales de YouTube, un software descargado en su computador y mucha, mucha experimentación. “Pruebo con los sonidos que me gustan, que me hacen sentido y que me llegan y, al final, lo que sale es porque lo siento, no más”, afirma.
De esa honestidad en la creación musical nace el sello Kamila Govorcin: entre sintetizadores y arpeggios, brota un sonido etéreo, único y memorable. “Obviamente hay influencias, y como partí disjockeando como que ya tenía cierta idea del ritmo, pero igual mi producción no se va para allá, es mucho más introspectiva, melancólica, melódica… De hecho, nunca mezclo mis canciones en fiestas, porque siento que no son ‘tan arriba’ como para bailarlas. Son como dos mundos muy diferentes”, admite.
– Mi estilo es cero calculado. Si de hecho me ha costado un montón. Puede ser una estupidez, pero es un sonido tan diferente a lo que estoy acostumbrada a escuchar que me da vergüenza…
– ¿La música que tú misma haces?
– [Ríe] No puedo escucharla. Me apesta que alguien la ponga cuando yo estoy.
“Igual sigo en el proceso de descubrir bien cuál es mi sonido, y en eso estoy”, anuncia. Este año, junto con su mánager Loreto –miembro de Chicarica– obtuvieron becas para un curso de producción musical y sonido en la academia The Bass Valley, en Barcelona. “Como todo ha sido muy autodidacta, quedan vacíos de técnicas y teoría, así que ha sido bacán partir un curso de cero con cosas que obviamente conozco súper bien pero de repente hay algún detallito y es como: ‘uy, no conocía eso"', cuenta emocionada.
Con una influencias varias pero una veta decididamente latina, incluso para ella misma es complejo definir cómo suena Kamila Govorcin. Pero de algo está segura: “Lo que identifica más mi sonido son las ganas de buscar algo que sea auténtico con lo que estoy sintiendo, más que: ‘ya, voy a hacer un house, un techno, un electro. Quizás me agarro de algunas cosas, pero de ahí sale algo muy diferente”, indica. “Y suena raro de repente”, añade entre risas.
Underground versus mainstream
Como cualquier fanático de sus shows sabrá, Govorcin se presenta en toda clase de contextos, desde las fiestas más clandestinas de la capital hasta los festivales de música más masivos de Chile y el mundo.
– Me siento totalmente cómoda. No tengo ese prejuicio como “¡ay, yo soy sólo under!”. Qué lata. No hay nada más entretenido que estar frente a un escenario gigante, mucha gente abierta a experimentar porque no cacha… Es otra la experiencia. Es bacán y es muy lindo. ¿Por qué no me voy a abrir con otro público? ¿Por qué voy a ser tan severa con mi conocimiento musical? Si además a mí me fascina el pop, me crié con el pop. El año pasado me ofrecieron abrirle a Harry Styles…
– Me muero.
– ¡Me muero! Entonces imagínate. Un estadio lleno de 25, 30 mil personas, puras niñas. Yo estaba impactada. Me pidieron que hiciera un set súper pop: me mandaron sugerencias como One Direction, Taylor Swift… y yo como: “hueón, olvídalo”.
Sin sacrificar su identidad, Govorcin encontró el equilibrio que tuvo a todo el Estadio Bicentenario La Florida bailando y cantando como previa al ídolo global. “Puse Jessie Ware, que es más pop pero disco, mezclé unas canciones de Dua Lipa y, entremedio, metí unos techno oscuros, unos house clásicos… Funcionó super bien. No se me va a olvidar nunca”, asegura.
Mientras habla con admiración a otras artistas electrónicas de su generación –Andrea Paz, Mamacita y Valesuchi, por mencionar algunas– manifiesta su intención de continuar impulsando a que más mujeres se atrevan a tocar. “Es súper hostil. Yo igual tambén, por mi historia, por haber estado en el deporte compitiendo y después en Comercial, ya estaba acostumbrada a mandar a los hombres a la mierda, no sin salir herida de muchas situaciones”, admite. “Como que dejas pasar una y te vas tirando para abajo, pero esa resistencia a estos mundos muy masculinos como se reflejan no sé si en mi música, pero sí en lo que una muestra, cómo una hace cara en el escenario. Yo también quiero aprender, y me quiero atrever”, concluye.
SELF EXPRESSIONS, un proyecto de L'Officiel Chile. Grabado en su totalidad con Samsung Galaxy S23 Ultra.
Dirección: Tamara Adriazola (@tamyadriazola) & Ailyn Salvo (@savingpines).
Cámara: Carlos Saavedra (@carlos.saav).
Entrevista por: Montserrat Santibáñez (@mon1080p).
Música original: Kamila Govorcin (@kamilagovorcin).
Agradecimientos a Museo MAC (@museo_mac).