Milena Smit, revolución cine
Conoce a la joven actriz española convertida en la última debilidad de Pedro Almodóvar.
Su primer contacto con el mundo de la interpretación sucedió a través de un mensaje que le llegó por Instagram, mientras atendía una llamada en el hotel donde trabajaba como recepcionista. A través de la red social la contactaron para participar en su primera película, No Matarás. Un primer proyecto que le valió la nominación al Goya a mejor actriz revelación a principios de año. Tras su paso por Alma, serie de Netflix que verá la luz próximamente, Milena Smit se puso a las órdenes del mismísimo Pedro Almodóvar, en el que será su próximo film, Madres Paralelas. Una -aún incipiente- carrera que le enseñó a no subestimarse y a lidiar con la exposición pública.
De trabajar como recepcionista de hotel a estar nominada al Goya a mejor actriz revelación por tu primera película, No Matarás. Tu vida cambió mucho en muy poco tiempo, ¿cómo te sientes?
Yo creo que más que un cambio, fue una transformación en todos los sentidos. Cuando te pasa algo así, lo único que puedes hacer es subirte al tren y seguir la corriente a las situaciones totalmente surrealistas que te va poniendo la vida. Me decías esto hace dos o tres años y no me lo creía. Está siendo algo maravilloso, a la vez que hay momentos muy complicados y difíciles que uno tiene que saber también gestionar. Desde afuera siempre se ve como un sueño, pero también hay un proceso, un esfuerzo, un trabajo muy duro.
El casting para el proyecto cinematográfico dirigido por David Victori, en el que compartiste reparto con Mario Casas o Fernando Valdivielso, te llegó a través de Instagram. ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando recibiste la propuesta? ¿Tenías claro que te presentarías a la audición?
Me extrañó mucho, no tenía claro si la gente que me estaba contactando sabía que yo no tenía ni idea de interpretación. Sinceramente, cuando me surgió el casting, yo estaba mal. Atravesaba un momento duro en mi vida, una situación familiar complicada como todos tuvimos alguna vez en nuestra vida, y la verdad es que estaba muy apática. Me costaba mucho hacer cualquier cosa que se saliera de mi rutina. ¡Y de repente llegó el casting! Recuerdo dejarlo hasta el último día. Ese día me levanté y me dije que iba a hacer lo que podía, pero sin ningún tipo de esperanza ni expectativa. Recibí un mensaje dos horas después, donde me decían que mi prueba les había gustado y que me querían ver para una prueba presencial. Ahí empezó todo.
Lo que me ayudó mucho fue precisamente la falta de información que yo tenía de la industria del cine. No me puse expectativas que sabía que no podía cumplir. Simplemente me deje fluir.
Fue precisamente tras esta experiencia cuando decidiste que tu verdadero camino era la interpretación. ¿De qué te diste cuenta y cómo afectó esta decisión a tus planes de futuro?
Me enamoré a primera vista de este oficio, fue un flechazo con todo lo que conlleva. Tanto del cine y de la actuación, como de cada departamento que construye una película. Recuerdo llegar al rodaje y quedarme alucinando con todos los técnicos, el equipo de arte, maquillaje y peluquería. No se tiene en cuenta todo el esfuerzo y trabajo que hay detrás, y eso es lo que a mí me hizo enamorarme del oficio por completo. Me sentía una niña pequeña descubriendo el mundo por primera vez. Siempre me había sentido muy perdida, no tenía claro cuál era mi vocación ni mi camino, y de repente se me abrió esta puerta. Me hizo sentir algo, para mí es sin dudas el oficio que me hace feliz.
Y la sensación de que todos, independientemente de su función o departamento, trabajan por un objetivo común.
Efectivamente. Ahora que tengo un poco más de recorrido y estuve en varios proyectos, unos con presupuestos grandes y otros con un presupuesto pequeño, pude ver que la implicación es la misma. Al final, si te dedicas a esto, por lo menos como yo lo veo, tiene que ser una vocación.
Además de la experiencia adquirida en el propio set de rodaje, decidiste empezar a formarte nada más acabar de rodar No Matarás. ¿No es así?
Sí, me gasté todo mi sueldo en eso (risas). Cuando terminé No Matarás hice un curso que impartía David Victori, director de la película, que se llama “El marketing del actor”. Fue lo mejor que pude hacer, porque es un taller que de alguna forma te hace plantearte qué tipo de carrera quieres tener. Te da pautas, es muy interesante y lo recomiendo a cualquier persona que quiere entrar en este oficio. Yo no sabía ni lo que era el racord ni la claqueta, cosas técnicas que aprendes en un rodaje.En el curso lo que aprendí fue qué clase de carrera quería tener, y el compromiso que hace falta para trabajar en esta industria.
Después, hice un seminario en Cristina Rota justo ese verano también, y una masterclass con Bernard Hiller, que es un coach muy conocido por haber trabajado con Leonardo DiCaprio, Al Pacino y Cameron Díaz. De todo saqué mis trucos, lo que a mí me funcionaba y me ayudaba. Por otro lado, proyectos en los que participé como Madres Paralelas son grandes masterclass. Me encanta estar en proyectos donde los guiones están muy vivos, y de repente te sorprende una frase nueva y te remueve algo dentro. Eso son aprendizajes que, desde mi punto de vista, se descubren en el set de filmación, que es la mejor forma de formarse.
Después de debutar en la gran pantalla rodaste la serie Alma de Netflix, para acabar aterrizando en un rodaje bajo las directrices del mismísimo Pedro Almodóvar, al que recién nombraste. ¿Cómo se produjo esa llamada y de qué forma afrontaste la audición de Madres Paralelas frente a nuestro director más internacional?
Yo no sé qué me pasa, pero siempre me llegan las cosas de una manera muy extraña. Estaba a punto de estrenar No Matarás en Sitges, y de repente nos llegó un casting a la agencia. En el guión del casting no había ningún tipo de información, ni del personaje, ni del director, ni nada. Me preparé y fui al casting, de donde salí un poco decepcionada porque habíamos tenido que repetir la última toma varias veces. Llamé a mi representante y le dije que me había salido fatal, llorando porque soy muy dramática (risas). Me olvidé de todo y a la semana siguiente, Carlos, que es mi representante, me dijo que me habían vuelto a llamar y que tenía otra prueba.
Me fui a Sitges, estrenamos No Matarás, empecé con Alma, muchas cosas a la vez. Preparé el casting día y noche durante una semana, buscando referencias que yo creía que a mí me podían motivar con la poquísima información que tenía. Salí con la sensación de que había hecho el casting de mi vida. Mientras tanto, por otro lado y sin yo saber nada, Carlos leyó la copia del guión y dijo que era Almodóvar. Él leyó mucho sus guiones y Pedro tiene una manera muy personal de describir a las mujeres, y supongo que lo reconoció.
Ellos no me dijeron nada y lo agradecí infinitamente porque querían evitar que no disfrutara de esos proyectos por tener algún tipo de presión. Me lo ocultaron hasta la última prueba, ahí me lo confesaron. Quedé totalmente en shock, que es algo que me suele pasar seguido. Cuando eres una persona que en menos de un año estrenaste tu primera película, hiciste una serie y de repente haces una película con Pedro Almodóvar, no te da tiempo a asimilar lo anterior. Vas todo el rato en una rueda (risas). De hecho, creo que todavía no lo asimilé. Las siguientes pruebas fueron en El Deseo con Pedro y Penélope, hasta que un día Pedro me trajo el guión dedicado y me dijo que era Ana, que es el nombre de mi personaje.
En Madres Paralelas coincidiste con Penélope Cruz, Aitana Sánchez Gijón o Rossy de Palma. Rostros imprescindibles del cine español que conocen los engranajes de la industria a la perfección. ¿Qué aprendiste de esta experiencia?
Creo que aprendí a no subestimarme. Cuando te metes en estas industrias, la gente siempre te va a ver con otros ojos. Las personas que no son tan cercanas, y hablo desde mi experiencia, se piensan que sos un ser totalmente diferente. Aprendí a no dejarme llevar por esos prejuicios, y a no permitir que afecten a mis valores ni a mi persona. Tendemos a olvidarnos de reconocer que nuestros éxitos son merecidos o que nuestras metas se pueden conseguir. Esto es algo que en mí, que tuve bastantes etapas en mi vida con una autoestima muy baja y no creía que pudiera conseguir lo que me proponía, me hizo darme cuenta de que puedo. Las circunstancias se alinean para que, mientras haya un trabajo por tu parte, también pueda haber un punto de encuentro con esas metas.
Mucha gente dice que trabaja mucho y no tiene el éxito. Pero, ¿qué es el éxito? Para mí el éxito es ser feliz y estar tranquilo con lo que estás haciendo. Y si puedes vivir tranquilo a nivel económico, desde mi punto de vista ya triunfaste en la vida. Creo que el éxito es disfrutar de cada parte del camino hasta conseguir el objetivo. Cuando nos quitamos esos pensamientos de la cabeza, es cuando todo empieza a funcionar. Haces las cosas porque las amas y no podrías vivir sin lo que más te gusta. Creo que esa sería mi mejor lección.
La película llega a los cines el próximo 10 de septiembre y promete ser un éxito. ¿Cómo llevas estar en el foco público? ¿Te generó ansiedad alguna vez?
Sí, por supuesto, y creo que hay que empezar a normalizar el hecho de que somos personas y tenemos un proceso de gestión emocional. Desde afuera todo se ve maravilloso, pero desde adentro hay un proceso muy duro de autogestión emocional donde tienes que aprender a que la situación no te supere. Es maravilloso todo lo que te pasa, pero a lo mejor dejas de tener tiempo para ti, apenas ves a tu familia y amigos, la gente que de alguna forma te hace mantenerte conectada a la realidad. Este mundo implica vivir vidas que forman parte de historias, y es una relación de amor-odio. Es increíble poder interpretar personajes con bagajes tan increíbles, pero de repente te das cuenta que te estás enfocando mucho en la vida de esos personajes y la tuya propia, durante esos procesos, pasa a un segundo plano. Creo que lo importante es aprender a normalizar que también podemos sentirnos mal en muchas ocasiones, tener ansiedad y bajones emocionales, que muchas veces uno no sabe gestionar por sí solo. Yo llevo muchos años yendo a un psicólogo y lo voy a seguir haciendo toda la vida, esté bien o esté mal.
A mí no me preocupa tanto la exposición pública como tal, porque de alguna forma cuando voy a un evento, entro también en ese papel. Me crea más ansiedad cómo se me ve desde fuera. Yo me veía en el cartel de Gran Vía y no me lo creía. Tuve la suerte de enganchar varios rodajes y no tuve tiempo de pararme a pensar en todo lo que me está pasando, y lo estoy disfrutando tanto que a veces no le doy tantas vueltas y simplemente fluyo. A veces me da miedo perder mi intimidad. Me para gente por la calle, pero lo de la mascarilla está muy bien (risas). No me molesta que me paren, es más el cómo asimilar todo esto.
En definitiva, el autocuidado como piedra angular de nuestras vidas, sea cual sea nuestro oficio y nuestra forma de estar en el mundo.
Totalmente. ¡La importancia de escucharte! Mi discurso de vida desde hace muchos años, desde antes de todo esto que me pasara, es la importancia de luchar a favor de la visibilidad de la salud mental y en contra de la estigmatización.
Y hablando de proyectos próximos, ¿hay algo que nos puedas adelantar, o algún sueño que tengas por cumplir?
Acabo de rodar una película que se llama Libélulas. Está dirigida por Luc Knowles y protagonizada por Olivia Baglivi y yo. Fue un proyecto muy especial. Cuando empezamos a filmar el año pasado, justo después del confinamiento, iba a ser una serie. Rodamos el piloto y de repente, con todo esto de la pandemia, decidieron reescribir el guión y convertirlo en un largometraje. Literalmente, al día siguiente de terminar Madres Paralelas tenía un ensayo (risas). Fue difícil volver a enganchar con esa energía después de un año, y Olivia y yo estuvimos de la mano en todo momento. Luc nos dio mucha libertad para conectar con los personajes y la historia como nos naciera. Fue una locura hermosa en muy pocos días, y estoy deseando que podamos ver algo pronto. ¡Y estoy a punto de empezar otra peli!
Además del taller “El marketing del actor” y la importancia de no subestimarse, ¿qué consejo final le darías a todas aquellas personas que sueñan con hacer de la interpretación su forma de vida, pero temen las continuas negativas, la competencia y la incertidumbre de la profesión?
Para mí este es un oficio de valientes. Tienes que luchar contra muchos prejuicios y defender continuamente lo que quieres hacer. Esta lucha constante porque nos dejen seguir adelante con nuestros sueños nos hace ir ganando una serie de valores en nuestra vida, sobre todo a nivel personal. Por lo menos a mí, lo que me enseñó, es la necesidad obligatoria de compromiso, responsabilidad y el tener claro que tenés que utilizar todas tus herramientas para conseguir tu objetivo.
No puedes esperar en tu casa a que las oportunidades te lleguen. Lo que a mí me pasó con No Matarás pasa una de entre un millón de veces, y si tomamos en cuenta esos ejemplos yo hubiese pensado que por el simple hecho de hacer la película, cuya oferta me llegó por Instagram justo en el momento en el que estaba en el hotel donde trabajaba, ya tendría todo resuelto. No me hubiera esforzado como lo hice después de esta peli, y de ahí los resultados que voy obteniendo con cada proyecto.