Los tiempos de Mon
Todas las personas vivimos una vida que contiene muchas otras en ella. En el caso de Mon Laferte, el paso del tiempo se ha dedicado a reordenar tanto lo íntimo como lo público, para mostrarle quién es en realidad ella. Quién es Monserrat y quién Mon Laferte.
La argentina Tita Merello, actriz, vedette y cantante de tango, tiene un cameo —invisible pero poderoso— en los primeros segundos del tráiler del recién estrenado documental Mon Laferte, te amo. “Como esta cantante argentina a la que le preguntan quién le enseñó a cantar y ella dice: el hambre”, se oye decir a Mon: “Yo aprendí a hacer todo tipo de gracias por hambre”, confiesa después.
El hambre fue lo que la hizo salir de su casa, en la Población Gómez Carreño de Viña del Mar, a los trece años para cantar el “Popurrí” de Pandora en la calle Valparaíso o arriba de un camión en medio de campañas electorales. Casi treinta años después, Monserrat sigue haciéndolo, pero las razones no solo han cambiado, sino que se han complejizado.
“Siendo ya adulta me di cuenta de que muchas de las cosas que he hecho tienen que ver con una necesidad, no solo de atención, sino que también de sobrevivencia. Algunos se matan estudiando para tener una carrera porque creen que así van a tener un mejor futuro. Hay quienes migran. Yo aprendí siendo muy chica que como cantaba bonito, y si a eso le ponía más color, me iba bien. Y yo vengo de una familia humilde, entonces había necesidades económicas, y cuando cantaba en la calle, claro, mientras más escándalo, más ruido, más vestuarios llamativos, llamaba más la atención. Y eso significaba plata”, dice Mon.
Pero del hambre por comida y atención, Mon pasó a desear ir hacia lo básico. “Fue hace algunos años. Hubo un momento en que yo creo que me cansé de mí, de verme. Cuando una se hace recién muy popular todos hablan de ti. Y yo estaba cansada, no de mí Monserrat, sino del personaje Mon Laferte. Eso sí, siento que ya me reconcilié con eso y de nuevo volví a ser una explosión de color y expresión. Pero ahora tiene que ver con una decisión de divertirme más que por una necesidad de atención, como era antes. Creo que aprendí a mirarme en el espejo y entender quién soy. Ya no tengo que estar pataleando ni haciendo malabares en la vida”.
La diversión es palpable. Su último disco, Autopoiética, es un cúmulo bien construido de referencias estéticas, géneros e ideas que se unen bajo la premisa del cambio constante. De la posibilidad de todas las vidas que podemos tener las personas. “Que tu falta de querer / Ya pasó esa hueá / Ya no voy a estar sad”, canta en “No+sad”.
La directora artística
“Llegué a la conclusión de que me dediqué a la música porque fue fácil para mí”, dice Mon. “Era un camino más rápido, entre comillas, porque todos sabemos que hacer música no es fácil. Ahora me doy cuenta de que si hubiese tenido más herramientas o educación, la música no hubiese sido la primera opción, sino que habría sido una artista visual, directora de cine o me hubiese dedicado a crear instalaciones. Yo no veo mi proyecto como el de una artista musical, sino como un todo. Por ejemplo, ahora estoy pensando en un nuevo disco y ya tengo el nombre, la portada, sé cómo me voy a vestir, cómo se va a ver el escenario, pero no tengo ninguna canción”.
“Directora creativa” es un concepto que aparece más de una vez en esta conversación. Ese es otro cambio en los pasos de Mon. Uno que comenzó a palparse con las exhibiciones Gestos en el Museo de la Ciudad de México en 2020, la muestra de su obra en la District 13 Art Fair en París, otra en la galería Bahía Utópica de Valparaíso y Te amo, Mon Laferte visual, en el Centro Cultural Gabriela Mistral de Santiago en 2023. “Mi arte visual siempre ha estado ahí, pero no lo había mostrado porque no lo veía como un trabajo. Hoy ya pienso en que de verdad soy la directora artística de esta cantante, que es un personaje que se llama Mon Laferte”.
Una nueva exposición la traerá a Chile a fines del 2024. “Se llama Autopoiética, pero no es una extensión del disco. Habrá pintura, instalación sonora, video y una performance. Estoy muy emocionada”, dice. “Justo ayer me junté aquí en Santiago con un grupo de bordadoras. Esto es muy importante para mí porque las bordadoras siempre bordan para alguien más y mi idea es sacarlas un poco de eso y que lo hagan para ellas. Y me he encontrado con mujeres que me han dicho que esto va a ser muy fuerte, porque nunca han bordado sobre lo que pasa por su corazón. Nunca hablan de ellas en sus bordados”.
“Ayer fue muy hermosa la reunión que tuvimos”, continúa Mon. “Una de ellas me dijo ‘usted tiene una canción que yo siempre escucho y que escuchamos aquí con las compañeras. La que le hizo a su mamá, la que se llama Te vi, ¿me puede cantar un pedacito?’. Y yo empecé a cantar, dos, tres palabras y se pusieron a llorar todas. Había una mujer como de ochenta y tantos años a la que le corrían las lágrimas y yo tuve que cerrar los ojos para cantar, porque si no, no iba a poder. Ahí me di cuenta de que para todas las mamás, para todas las mujeres, es la misma historia”.
"Me importa mucho envejecer con la mayor dignidad posible"
Mon Laferte, te amo, es el reciente documental estrenado en Netflix que navega por su historia, de lo íntimo a lo público, y cuyo registro se sitúa en la gira que la artista realizó entre 2021 y 2022 estando embarazada de su primer hijo. La dirección está a cargo de dos realizadoras chilenas, Camila Grandi y Joanna Reposi. “A mí me habían propuesto varias veces hacer documentales, pero me daba pudor y un poco de flojera también. Y en esta ocasión me junté con el productor en Los Ángeles y me cayó muy bien. La verdad es que como estaba embarazada, algo romántico en mí me hizo pensar en que podía ser bonito tener un registro de ese tiempo. ¡Que quede claro que yo no decidí hacer un documental sobre mí misma!”, dice riendo.
Otra razón que la hizo aceptar la invitación a este proyecto es su fanatismo por los documentales sobre artistas. “Todas las películas que he visto sobre artistas me han servido mucho. A veces de verdad las veo solo para agarrar valor y seguir con mi vida”. De hecho, fue el documental Chavela, sobre Chavela Vargas, el que la inspiró a trabajar en su disco Seis. “Agradezco mucho que existan esos registros porque como artista y como mujer me ayudan a seguir adelante. Necesito los consejos de ellas, aunque ni siquiera me los estén dando a mí. Tal vez si a alguna niña de Gómez Carreño, que es de donde soy yo, o de alguna pobla de Chile o de México que quiere ser artista, este documental le hace sentido, va a haber aportado algo”.
La gira que tuvo en Estados Unidos mientras estaba embarazada fueron cincuenta días en los que tuvo 27 conciertos. “Fue difícil —dice—. Me costó hallarme. Entonces quise hacer un personaje muy teatral, con mucha pestaña, vestuarios con mucho volumen, pero me costó ser artista, las hormonas me tenían un poco bloqueada, pero pude hacerlo”. No es difícil entenderlo, porque también se canta con el cuerpo. Y algo que ha cambiado también con el tiempo es la conciencia que tiene ella misma sobre el suyo. “He aprendido a aceptarlo. Cuando era más joven era un palo de flaca y me sentía gorda y fea porque, bueno, los dosmiles fueron duros. Y ahora veo mis fotos de chica y pienso que estaba loca. Hoy ya lo quiero mucho más. Me importa mucho envejecer con la mayor dignidad posible, entendiendo quién soy”.
“Me encanta la idea de envejecer”, dice. “Estoy más tranquila, la ansiedad ha bajado mucho. Me tomo más tiempo para meditar decisiones. Hay cosas que ya no me importan tanto. Ya no estoy tan desesperada por encajar o ser aceptada. De hecho, el documental se llama Mon Laferte, te amo porque justamente va de eso, de la necesidad de que me amaran. Creo que todos los seres humanos tenemos esa necesidad de ser amados, y ya no estoy desesperada porque me amen. He aprendido a amarme yo, y creo que eso es lo mejor de envejecer”.
Y le pregunto qué es para ella una buena vida. “Viviendo en el campo con mis plantas, mis perros, mis gatos, cocinando”, responde. “Y a pesar de que parece que no tengo esa vida, en realidad sí la tengo. Me voy de gira tres meses, pero después vuelvo a mi casa. No hay nada que ame más que sentarme en el sillón a tejer con el gato y mi cabro chico dando vueltas alrededor. Por eso también me imagino parando de hacer música y haciendo otras cosas que me permitan tener esa vida”.
Y fantasea con una idea: “Siempre pienso en que voy a dejar la música, voy a desaparecer y volveré cuando esté evidentemente más vieja. Y todos van a decir '¡oh!, ¿qué le pasó? Le llegó el viejazo'. Eso quiero que pase, que digan '¡pero cómo!, ¡está tan vieja!'”.
Fotos: Noli Provoste
Styling: Romina Morales
Producción: Francisca Torres Carrasco
Maquillaje: Alexandra Cancino
Pelo: Javier Sáez
Nail artist: Karla Contreras
Asistente de styling: Cristián Zelada
Asistente de fotos: Denise Ruíz-Aburto y Cristóbal Acevedo
Estudio: Estudio Petrowitsch