Mujer

Poesía propia

Su debut literario se llama Tambaleos, y en él Cristalina Parra hace un cruce sin escala desde su infancia en Santiago, la vida con su abuelo en Las Cruces, su paso por Nueva York y su despegue definitivo en Dubái. La nieta de Nicanor Parra continúa la senda del antipoeta

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Nicanor solía llamarla ‘Lina Paya’, nombre que ella misma se inventó cuando aún era pequeña y no podía pronunciar correctamente el suyo. Él hablaba de una tal ‘Lina’ como su amiga y como la persona a quien más admiraba. Decía que tenía la belleza del Medio Oriente y que al escucharla hablar, estudiaba el lenguaje. Cristalina Parra (21) creció viendo a su abuelo con un lápiz y un cuaderno, una práctica que ella prolonga y que ha complementado la app Notas del celular. “Me interesa la manera en la que la gente habla, el ritmo natural del habla, las distintas maneras de hablar, me interesa cómo las ciudades en las que habito se desenvuelven, en los sonidos, en los olores y sabores que nacen en cada esquina de una ciudad. Me interesa cómo los habitantes de una ciudad hablan de ella”, asegura.

Tambaleos (Editorial Planeta) es su primer libro que contiene poemas de una bitácora de viaje en algunos momentos, y en otros parte de un diario de vida. “Es un menjunje de palabras que, en este orden, fueron expulsadas de mi cabeza, saltándose mi boca, directo a la página”. De ahí el nombre. Mientras escribe sobre su día a día desde Abu Dhabi, ciudad donde cursa Historia del Arte en la sede de Emiratos Arabes de la Universidad de Nueva York, la poesía que leía cuando niña se asoma en su inconsciente. Claudio Bertoni, Raúl Zurita, Allen Ginsberg, Neruda, Nicanor y Violeta Parra, “voces que parecen impregnadas en las paredes de mi mente desde la infancia. Y ahora otros poetas como Mahmud Darwish, Etel Adnan o Tishani Doshi se pasean por mi cabeza. La música es casi igual de importante en mi proceso creativo”, confiesa. Hija de la actriz María José Núñez y del músico Juan de Dios “Barraco” Parra –hijo menor de Nicanor– identifica la guitarra como la melodía de fondo de toda su vida. Su canción favori - ta para antes de dormir era ‘Casamiento de Negros’-, “porque la pintura de la Violeta estaba en la pared, arriba de mi cama”, cuenta.

En Tambaleos, a pesar de utilizar un idioma coloquial, intento hacer un trabajo de deconstrucción y sanación espiritual. Para mí escribir es un proceso de sanación y autoconocimiento sumamente importante.

Como parte de una de las familias que han dejado un gran legado cultural a Chile en la literatura y la música, Cristalina asegura que su herencia es algo que le enorgullece muchísimo, tanto por el lado Parra como Núñez. “Crecí con una madre soltera que no recibía ayuda de nadie. Ella me transformó en la mujer trabajadora que soy hoy día. Esa energía femenina y poderosa que nace de mi mamá es central en Tambaleos, un libro escrito por una mujer joven e independiente. Mi punto de vista está, naturalmente, informado por mi experiencia femenina”, explica.

“Me desperté sin ganas, preguntándome qué hago tan lejos de casa. ¿Por qué los adoquines aquí no me dicen nada? El cielo habla otro idioma y los perros no saben oler un temblor. Quiero estar en Chile, mamá. Tengo la guata revuelta y no quiero estar tan lejos. Quiero un agua de tilo y una piedra, la guitarra de mi papá y las bromas de mi primo. ¿Cómo está la Estación Santa Ana, papá? ¿Y cómo se escucha la calle en la noche? ¿El señor del organillo hace cuánto tiempo no pasa por la equina? Cuando salí a la calle me brotó una mora en el pecho, papá. Tengo la gua - ta revuelta y ando en tierras extrañas, cantando, pero apenas”.

Así reza el poema ‘Chile despertó y siento que sigo en un sueño lejano’, donde se asoma la melancolía por estar lejos de los suyos; instalada literalmente al otro lado del mundo. Sin embargo, asegura que Tambaleos no existiría sin esta dis - tancia física de por medio, ni tampoco sin Abu Dhabi, su nuevo punto de partida. “La mayoría de los poemas de este libro fueron escritos fuera de Chile y, entonces, cuando escribo de Chile lo hago desde afuera, no solo temporalmente, porque escribo sobre el pasado y sobre mi infancia, sino que también espacialmente. En los tres años que llevo viviendo en Emiratos Arabes, este se ha transformado en un nuevo hogar. Mi tiempo aquí y en la universidad me ha ayudado a encontrar una manera de ver mi entorno. En Tambaleos, a pesar de utilizar un idioma coloquial, intento hacer un trabajo de deconstrucción y sanación espiritual. Para mí escribir es un proceso de sanación y autoconocimiento sumamente importante”, concluye. 

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