Lifestyle

L'agenda conscient

No hay alternativa, el mundo debe volcarse hacia las iniciativas sustentables que permitan si no revertir, al menos detener el daño ambiental que bien conocemos. Estas cinco ideas se mantienen vigentes gracias a quienes las impulsan todos los días, porque en este tema la tenacidad es básica.

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Fotografía cortesía de Taller Sartorial.

Francisca Y.A.N.G. 

Bajo el concepto de suprarreciclaje, Francisca Gajardo comenzó a impulsar su marca You Are The Next Generation, o Y.A.N.G., en 2016, inspirada por sus visitas a las ferias de ropa de segunda mano cuando era niña y la problemática textil de los vertederos de su Iquique natal. Estudió diseño de vestuario y luego estuvo varios años especializándose en el extranjero. En Kingston University fue la única latina presente en el máster de su generación y estuvo a cargo de un activismo que une educación y upcycling. Gajardo es indicada por varios diseñadores locales como el referente más respetado de la corriente en la actualidad. “Me tomo esta aseveración con mucha humildad y agradecimiento”, asegura. Luego de regresar a Chile, en su calidad de educadora internacional –que contempla roles en Londres y hasta una beca "Young Leaders of the Americas Initiative", entregada por US State Department–, la diseñadora dice que no ha sido fácil convertirse en una embajadora del tema en el extranjero. “Logré dejar mi huella y trabajar con grandes empresas, pero de alguna manera tuve que estar a prueba todo el rato; quizás por el mismo tema de que somos latinos y no nos reconocen tanto afuera, a veces sentí que no me tomaban en serio”, nos cuenta. Pese a las dificultades, Gajardo ha logrado incorporar y expandir sus conocimientos, incluyendo técnicas que permitan ayudar a personas que han sufrido ataques cardiovasculares desde su área textil, reintegración de personas de la tercera edad y muchos otros. Estos proyectos la llevaron a plantear la moda como una herramienta de alto impacto en la sociedad y a darse cuenta de que “uno como profesional no tiene límites”.

Acaba de llegar de Londres, donde exhibió su trabajo en plena London Fashion Week, convocada por el dúo de artistas chilenos Sarita Rodríguez (Paula Contreras y Erick Labra), para quienes confeccionó un traje inspirado en la alta costura con prendas sacadas de los mismos vertederos que Gajardo vio en el Norte. “Ojalá este arte viaje a través del mundo y se pueda generar conciencia con este tipo de creaciones; lo que una vez no quisiste hoy se transforma en una pieza que da paso a nuevas conversaciones sobre la industria”, afirma la diseñadora. En estos días Francisca trabaja con tecnología para desarrollar un prototipo que transforme prendas sin generar residuos, implementando IA para su sistematización y pensando siempre en ir más allá con su bandera de lucha.

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Fotografía por Pilar Castro.

SYMBIÓTICA

Symbiótica, la empresa pionera en la regeneración ecológica mediante ‘islas’ nativas, paisajes de retención de agua y el método Miyawaki, está transformando la manera en que se entiende y se practica la restauración ambiental, a través de ciclos integrales y proyectos que integran a las comunidades.

Sus fundadores, Gabriel Orrego Astorga, Diego Díaz Jarpa y Nicolás Corral Toro, crearon este proyecto en 2020 para llevar la naturaleza y lo nativo a la urbe, e invitar a las personas a conectar con su entorno siendo partícipes del proceso. “Lo que nos unió –y nos une hasta el día de hoy– fue creer a ciegas en esto desde el primer minuto. Ver los resultados después de dos años ha convencido tanto a lo privado como a lo público de que es una excelente alternativa al darle otra mirada a la restauración. De hecho, actualmente Conaf pide que las restauraciones por medida de compensación sean por nucleación, que implica reemplazar las hileras (de árboles) por pequeños núcleos en el cerro”, afirma Diego.

Su primera iniciativa fue una plantación comunitaria en la localidad de María Pinto, donde participaron más de 200 personas del sector. “En la visión de Symbiótica siempre estuvo involucrada la comunidad. Para nosotros es la parte fundamental, y en ese sentido apuntamos a realizar un trabajo socioecológico. Somos nosotros los seres humanos quienes habitamos la tierra y la destruimos, por eso está la urgencia de entregar educación ambiental e incentivar a generar más metabolismos circulares en la sociedad”, agrega Nicolás.

Hoy, con cuatro años de trayectoria –y un sin número de proyectos en hospitales, parques y distintas comunas de Chile–, han roto paradigmas creando ecosistemas vivos que, además de recuperar la vegetación del lugar, potencian la biodiversidad y las áreas verdes para la flora, fauna y funga. No le tienen miedo a la competencia porque están preocupados de ser una fuente abierta de conocimiento para otros. “Queremos ser un superejemplo y una autoridad para las personas, en el sentido que vengan donde nosotros para que los asesoremos en restauraciones a escala de paisaje, a escala regional, y a masterplan de ciudades con sus áreas verdes. Poder hacer pedazos de bosques en parques de gran parte de Chile, que sean un refugio para la biodiversidad. Y lo mismo para nuestros proyectos de paisajes de retención de agua. No estamos plantando, estamos generando sitios de regeneración para que se logre espontáneamente. Darle la posibilidad a la naturaleza de recuperarse y que logre una resiliencia ecosistémica”, finaliza Gabriel.

Fotografía cortesía de Symbiótica.

TALLER SARTORIAL

Un día el abogado Félix Ruiz pidió que le lustraran los zapatos en el centro de Santiago y la experiencia no le gustó. Se puso a buscar en internet materiales y técnicas perfectas para un lustrado que estuviera a la altura de lo que esperaba y encontró muchísimo. Entró en un mundo lleno de productos que nunca había visto y donde estaban los secretos que buscaba.

Lo primero que hizo fue comprar los esenciales de la marca francesa Saphir. “Es una empresa familiar que lleva más de 50 años fabricando betunes para zapatos con materias primas naturales de primera calidad para cuidar el cuero”, cuenta.

Cuando los usó en sus zapatos, se dio cuenta de que no había nada como esto en Chile y decidió importarlos. Se asoció con los hermanos Tomás y Manuel Rogers y empezaron a notar que cuando los clientes recibían sus betunes y escobillas, también pedían con entusiasmo el servicio de lustrado. “No era la idea inicial, nosotros pensábamos que cada uno iba a usarlos en su casa, pero empezamos a hacer este trabajo, las personas se pasaban el dato y cada vez teníamos más pedidos”, recuerda Félix.

Tomó tanta fuerza que decidieron abrir Taller Sartorial, el local donde no solamente venden productos de calidad mundial para cuidar cueros, sino que devuelven el valor a zapatos, botas, cinturones, carteras y otros objetos que han perdido el brillo, el color o la textura originales. Es un trabajo arduo y minucioso que la mayoría de las veces comienza por quitarle al cuero capas de productos poco apropiados. Pero debajo aparece, por fin, el noble material. Cuando el cuero es de buena calidad, pueden mejorarlo muchísimo, aunque el calzado sea antiguo. “Aquí han llegado personas con zapatos que fueron de sus padres y que quieren recuperarlos porque tiene un valor emocional para ellos”, cuenta Félix. Puede haber sido el par de zapatos que un antepasado usó el día de su matrimonio o su titulación, y el tenerlos de vuelta no tiene precio, pero fue el resultado de hasta 16 horas de trabajo especializado. En el camino también rescataron la idea de organizar campeonatos de lustrado de zapatos, en los que cada vez tienen más participantes.

“Haciendo esto se hace muy evidente lo importante que es comprar artículos de buena calidad, valorar los materiales, cuidarlos. Si lo que nos traen está hecho en un material bien obtenido, bien trabajado, el resultado de la renovación será infinitamente mejor”. Evitar lo desechable. Apostar por lo que dura, prácticamente, para toda la vida. Esa es la apuesta de Taller Sartorial.

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Fotografía cortesía de Taller Sartorial.

JAVIERA AMENGUAL DE FRANCA MAGAZINE

Es fácil perder la perspectiva, pero diez años atrás promover la sustentabilidad y desaceleración en la industria de la moda resultaba inimaginable. Para Javiera Amengual, psicóloga de profesión, pero comunicadora en la práctica, el despertar fue súbito e impredecible. “El desastre de Rana Plaza en Bangladesh (2013) fue como el primer choque de decir, ‘¿qué?, ¿dónde hace la gente mi ropa?’. Si bien yo tenía una sensibilidad por la moda y todo el fenómeno cultural en torno a ella, nunca me había preguntado por los procesos, por quién hacía qué, cómo se hacía, qué onda los materiales...”, recuerda. “Empezaron a aparecer muchas preguntas, pero seguía consumiendo como siempre. Topshop llevaba un par de años en Chile; a mí me pagaban el sueldo y me iba a directo a comprar ropa, super-fast fashion”. Mientras más investigaba del tema, mayor era su compromiso. Finalmente, se decidió: si realmente deseaba adoptar esta bandera de lucha, tendría que cambiar sus propios hábitos de consumo.

En 2016, entonces, nace Franca., concebido como un e-commerce donde solo participaban marcas y diseñadores con propuestas de sustentabilidad. Lo que comenzó con 20 nombres pronto abarcó más de 50 proyectos, y tres años más tarde Amengual dio un paso más allá, transformándose en una plataforma de contenido. “Nos dimos cuenta de que ahí está el valor de lo que estamos aportando, poner sobre la mesa temas como la compra consciente y el consumo responsable”. Combinando ética y estética, Franca. se ha convertido en un espacio de comunidad, aprendizaje y difusión del estilo de vida slow, con un foco especializado en moda latinoamericana a partir de voces de todos los sectores de la industria. El proyecto, dice Amengual, pareciera tener vida propia.

Hoy existe también Franca. Estudio, donde, junto a un equipo liderado por ella y Sofía Calvo –creadora de Quinta Trends–, trabajan como agencia para marcas que aún no saben cómo hablar de sostenibilidad con su audiencia. Ya sea como medio, podcast o consultora, Franca. es un espacio para que cualquiera se sienta bienvenido, y en eso radica su inagotable expansión. “Es un lugar donde pueden convivir desde la más activista de las activistas, hasta los que están recién metiéndose en el tema y creen que una buena alternativa es comprar la línea conscious de una marca de fast fashion, y ese es su aporte”, señala su fundadora. “Aquí podemos convivir todos, porque en realidad queremos apelar a todo el mundo”.

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Fotografía cortesía de Franca Magazine.

MANDARIN ORIENTAL SANTIAGO Y SU HUERTO SUSTENTABLE

Si voláramos un dron sobre Santiago buscando techos ‘verdes’ encontraríamos pocos. Huertos en altura, menos. No es que la ciudad carezca de este tipo de espacios, pero en ningún caso se ha vuelto una costumbre ni una tendencia. Pero el año pasado el Hotel Mandarin Oriental Santiago se propuso hacer un cambio en este sentido, destinando un área en altura de 290 metros cuadrados para cultivar verduras y hortalizas orgánicas, alimentando el funcionamiento del lugar con energía solar. Parece sencillo, pero fue un esfuerzo a gran escala, con el objetivo de neutralizar y medir su huella de carbono.

“En Mandarin Oriental Santiago la sustentabilidad es un pilar estratégico muy relevante; por ello hemos implementado múltiples proyectos de eficiencia energética, suministro de energía renovable, la reducción de la generación de residuos, monitoreo de la huella de carbono en línea desde el año 2018 a través del programa ForThePlanet.cl y la inauguración del primer huerto sustentable en altura, realizado hace un año.

Con estas acciones no solo buscamos crear una experiencia libre de emisiones de carbono, sino que también invitar a la industria hotelera a sumarse a este desafío tan importante para el planeta”, asegura Claudio Leyton, Hotel Manager de Mandarin Oriental, Santiago.

El huerto en altura, donde crece una variedad amplia de verduras, flores para atraer polinizadores, hierbas culinarias y donde también hay un área de apicultura para la producción de miel, está equipado con un sistema fotovoltaico de 21,6 kWp que genera 19,2 MWh anuales. Esta instalación tiene dos objetivos: iluminación en el hotel y alimentación de un invernadero, aprovechando la energía solar. El proyecto fue liderado por Enel X, y no solo surte de ingredientes frescos al menú del hotel, sino que permite eliminar la necesidad de transportar los productos mediante proveedores que utilizan vehículos de combustibles fósiles. En total, este proyecto contribuye a evitar la emisión de 7,5 toneladas de CO2 al año.

Hoy, considerando esta y otras iniciativas realizadas en MO Santiago de la mano de Enel, los huéspedes pueden calcular cuál fue la huella de carbono generada durante su estadía y, de esa forma, tomar conciencia sobre el impacto real de sus acciones en el medio ambiente.

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Fotografía cortesía de Mandarin Oriental Santiago.

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