Agudiza tus oídos
El ascenso de los bares Hi-Fi trae de vuelta el sonido de alta definición y la curatoría a la experiencia de escuchar música.
¿Qué significa escuchar, realmente escuchar, música?
Durante la mayor parte del siglo XX esta pregunta era discutible: desde los vinilos hasta los CD, la calidad de la música (en su mayoría) concordaba con la calidad del sonido y proliferaron los entusiastas de la alta fidelidad. Sin embargo, cuando el MP3 y el streaming comenzaron a dominar la escena, el principal servicio de envío de música fue dominado por los AirPods y 128 kbs, y de pronto la fidelidad y la calidad de sonido fueron víctimas de la era digital.
Pero el renacimiento está en pleno despliegue: con las ventas de vinilos creciendo de manera exponencial, disqueras y artistas han vuelto a comprometerse con el valor de la calidad del sonido para impulsar su reputación y ventas. Con el revival del vinilo llegó la importación de una de las experiencias más gloriosas y aun así desconocidas, el kissa, o bar para escuchar música. Sistemas de sonido de la más alta calidad, una amplia variedad de artistas y experimentados DJ crean hermosos espacios diseñados para que los audiófilos puedan entregarse al sonido y la experiencia de escuchar. Son ambientes vivos, donde la experiencia del audio toma protagonismo.
Los bares kissa fueron ideados como vitrinas para vinilos en ciudades japonesas de posguerra (donde los discos podían costar semanas de sueldos enteros). Estos pequeños cafés priorizaban la experiencia de escuchar música en espacios íntimos, donde el sonido era el conductor. Hablar menos, escuchar más.
Hoy los bares para escuchar música en alta fidelidad han relajado ese concepto original, pero se ciñen generalmente a los mismos principios. La atrevida programación musical de un dinámico rango de DJ y creativos ahora es mezclada con una experiencia de elevada cocina y coctelería, todo envuelto en algo a lo que la mayoría de las personas no puede acceder en sus hogares: costosos y expansivos sistemas de sonido de alta calidad.
Pero ¿por qué los bares para escuchar música han aparecido ahora? Para Daniel Gahr, dueño del Bar Shiru, en Oakland, todo se relaciona con lo que están buscando los escuchas en la pospandemia. “Creo que muchas personas anhelan experiencias bohemias que sean únicas, cómodas y de importancia. Todos buscan lugares que ofrezcan algo más allá de un bar tradicional… ese deseo de ser más íntimos”, afirma. Naturalmente, mientras los bares para escuchar música se han multiplicado, también lo han hecho la variedad y el estilo que solo Norteamérica puede aportar a la tendencia, reflejando tonos distintivos y variaciones locales. Honeycomb Hi-Fi Lounge, en Brooklyn, combina un sistema de sonido compacto pero poderoso en un pequeño espacio que permite que la música tome protagonismo. El cercano Eavesdrop tiene un acercamiento similar. “Si amas la música, quieres un lugar que esté diseñado para escucharla. Los lugares con música en vivo y para bailar han estado por años diseñados para centrarse en la música, pero ha existido una brecha entre espacios que han sido diseñados para escuchar y no necesariamente para bailar”, dice el dueño de Eavesdrop, Dan Wissinger.
Más al sur, Dante’s HiFi toma el bar para escuchar música y le otorga una sensibilidad específica que solo Miami puede entregar. El espacio en The Wynwood tiene la actitud y el estilo para combinar con su contundente sistema de sonido, y sus asientos están limitados a unos exclusivos 50.
Gold Line Bar (Los Ángeles), Sunday Vinyl (Denver) y Bar Shiru (Oakland) están dándole giros distintivos al bar occidental para escuchar música. Mientras Sunday Vinyl pone énfasis en la música junto a la comida como parte de la experiencia, Bar Shiru enfoca el escuchar música a través de un respeto reverencial, con su foco en una larga variedad de géneros de jazz y una configuración intencional de alta fidelidad.
Cada espacio demuestra singularmente la vitalidad de este naciente subgénero, donde la música no es solamente algo que está de fondo sino una parte central del panorama, donde uno cede el control de lo que quiere escuchar. “Tener acceso a casi todo al mismo tiempo puede ser abrumador; hay algo reconfortante sobre entregarte a una experiencia y dejar que un selector o DJ dé forma a la noche a través de una pensada curatoría”, dice Gahr.