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Sebastián Vinet: Pasión en movimiento

A los 33 años el bailarín sigue explorando nuevos desafíos en la danza. El próximo será unirse este mes al tour de Andrea Bocelli por 10 ciudades de Estados Unidos. 

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Fotos: Paulo García.

En medio de unos días de locura y aprovechando su momento de descanso durante la semifinal del Youth America Grand Prix en Los Ángeles, Estados Unidos, el bailarín chileno logró sentarse a conversar con L’Officiel. No para. Y eso tiene un costo, pero eligió el camino de la independencia, y le gusta así.

L’OFFICIEL: Has hecho una carrera distinta a lo que uno acostumbra ver en un bailarín. Luego empezaste una carrera como modelo, has estado involucrado en la creación de becas, también das clases. ¿Estar en tantos ámbitos es parte de tu personalidad?

SEBASTIÁN VINET: Sí, eso creo. Me gusta aprender, aceptar desafíos. Creo que muchas veces cuando uno se queda estancado los desafíos se vuelven menores. Y el aprendizaje, por ende, también se vuelve menor. En el mundo artístico el aprendizaje tiene que ser constante para crecer como artista y como humano.

¿Disfrutas estar siempre en movimiento?

SV: Me gusta mucho estar tranquilo en un mismo lugar, pero mi carrera como independiente me hace viajar por lo menos 300 días al año, y siento que para poder hacerlo se requiere también una personalidad que disfrute estar en diferentes lugares cada tres días. Distintas ciudades, países, cambios de horarios, cambios de comidas, cambios de todo. Tengo varios amigos que fueron primeros bailarines del New York City Ballet o en Europa, en compañías muy grandes, y después optaron por una carrera independiente. Siento que mucha gente está optando por esa ruta porque quieren tomar decisiones de su vida y sus carreras.

Es un cambio cultural, quizás, un signo de los tiempos.

SV: Sí, busco las oportunidades, muchas han llegado a mí y he sabido aprovecharlas. Por ejemplo, el dar clases. Yo no me considero un maestro, no quiero ser un maestro de ballet al ciento por ciento, pero he tenido la oportunidad de enseñar y lo hago porque también es un ingreso económico. Y han salido oportunidades en instituciones que son increíbles: el American Ballet !eatre en Nueva York y el San Francisco Ballet, al que yo pertenecí. O el Ballet de Montecarlo, que es una compañía increíble. 

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Fotos: Paulo García.

Eso puede implicar un montón de exigencias en lo personal también, ¿no?

SV: Es lo más difícil, el poder mantenerse físicamente, mental y emocionalmente sano al estar viajando. Requiere un nivel de compromiso más grande que al estar en una compañía, pienso, porque a veces tengo que mantener mi entrenamiento en condiciones que no son las más cómodas. Ahora, por ejemplo, he estado sentado desde las nueve de la mañana y recién a las siete puedo hacer ejercicios y estiramientos porque tengo funciones importantes programadas para final de año. Luego voy de gira con Andrea Bocelli, entonces tengo que mantenerme lo más activo posible para poder hacer un buen espectáculo.

¿Cómo surgió esa conexión para estar en el tour de Andrea Bocelli?

SV: Fue a través de la bailarina Brittany O’Connor. Cuando estuve hace unos años invitado en la escuela de Sarasota y empecé a trabajar como independiente, me contaban que ella introdujo en el equipo de Bocelli la idea de tener bailarines en el espectáculo. Hace unas semanas me escribió y me dijo que me querían postular al tour, pero tenía que estar en todas las presentaciones. Es una oportunidad única en la vida así que renuncié a lo demás y estaré bailando. Estoy superfeliz de poder hacer algo diferente; estoy viviendo un proceso de transición, mi cuerpo tampoco da para hacer baile clásico cien por ciento.

¿Cómo partió esta idea de las becas? ¿Detectaste un vacío en la formación de futuras generaciones?

SV: Siento que dentro de Latinoamérica existe una necesidad un poco mayor que otros países, digamos Estados Unidos o un continente como Asia o Europa. Vi este anhelo de tener una conexión, que los niños y las niñas tuvieran la experiencia de ver lo que pasa afuera, ver el nivel, que a veces ni siquiera es tan bueno, pero sirve para pensar, “hay de todo también en Estados Unidos”. Mi idea es poder abrir una plataforma donde los niños puedan acceder a becas que los lleven a Estados Unidos, Europa o Australia. Hicimos una versión en Chile y en Perú, donde he ido muchas veces, y veo talento que si no se desarrolla, se pierde. Pero hay muchos factores que quedan por resolver y algún día me gustaría poder ayudar a través de algún fondo o auspiciador que pueda apoyar a estos niños. Pero es difícil, el auspicio privado no apoya iniciativas como esta. Yo a Chile no voy a ganar plata, voy a hacer lo que mejor pueda para poder apoyar a jóvenes talentos porque quiero ayudar de la misma forma que me ayudaron a mí.

¿Has tenido la oportunidad de ver un atisbo de cambio de vida en esa persona que accede a una beca?

SV: Cien por ciento. Hace poco estuve en Salt Lake City porque fui maestro invitado al curso de verano de la escuela de ballet. Allá vi a Manuel, uno de los chicos de Pucón que se ganaron una beca. Sus papás son actores y también han tenido la posibilidad de viajar. Con eso a él se le ha abierto el mundo. Pero veo sus fotos de antes y después de que se fuera y el cambio se ve. Hasta el momento ha ganado dos competencias en Brasil y en Argentina. Automáticamente tu personalidad cambia cuando te ves expuesto a experiencias de este tipo.

 De todo lo que haces, ¿qué es lo que más disfrutas?

SV: Estar con mi esposa, viajar, aprender y enseñar. Cuando puedo juntar todo eso es perfecto, porque todo lo que hago es un gran privilegio. 

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