Hombre

Marcelo Alonso, villano favorito

Dice que un actor debe comprender su propio casting, porque su rostro es su destino. Y él tiene “cara de malo”, por tanto, es lógico que le den papeles de malvado, algo que no solo asume, sino que le encanta. En esta entrevista también habla de sus gustos “pasados de moda”, como jugar ajedrez y leer poesía.

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Marcelo Alonso tenía 6 o 7 años cuando murió su abuela paterna. Hoy, a sus 54 años, recuerda el diálogo que sostuvo con su papá después de enterarse de la noticia.

—Por qué estás llorando —le preguntó su padre.

—Porque la abuela se murió y porque alguna vez tú te vas a morir, y eso me da mucho miedo.

El actor rememora nítidamente ese momento mientras fuma el primero de los dos cigarros que enciende durante esta entrevista. “Lo que me dijo después fue tremendo, pero muy bonito. Porque mi papá era muy concreto, nunca nos hizo creer en el Viejo Pascuero, por ejemplo; todo era muy real en él. Me contestó: "sí, me voy a morir, y tu mamá también, pero cuando eso pase tú vas a estar preparado’”, cuenta.

El padre de Marcelo Alonso murió el año pasado, y se cumplió ese vaticinio imborrable de su infancia. “Él tenía razón. Al parecer uno está preparado, porque no me morí (…) Aunque uno siempre busca consuelo. Las personas viven y se mueren, porque el tiempo es el tiempo, y mueren también para que uno entienda otra cosa de la vida. Creo que su muerte me va a ayudar a enfrentar la muerte de mi madre cuando eso ocurra, que no quiero que ocurra nunca. Quizás él se murió primero para que yo pueda soportar eso”, reflexiona.

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L'OFFICIEL: Tienes 54 años. Después de los 50, lamentablemente, se empiezan a morir nuestros papás, o los papás de nuestros amigos, y es inevitable pensar en la propia vejez. A muchos les preocupa cómo los años afectarán su memoria. En el caso de los actores esa inquietud debe ser aun más potente, ¿verdad?

MARCELO ALONSO: Es central, central, central. En el caso de nuestro oficio la memoria es absolutamente todo. La gente piensa que la memoria está en el texto, en cómo recordar la palabra. Pero en el proceso actoral también hay muchos otros espacios de memoria: la memoria corporal, la memoria de las plantas de movimiento, las memorias emocionales, el tener superpresente tu registro personal respecto a la situación que se plantea, ya sea en contra o a favor. En el fondo es tu posición con respecto a lo que ocurre, que es central en el proceso. En la medida en que un actor tiene conciencia de eso puede enfrentar personalmente la escena. Es muy loco cómo se vincula la memoria con la verdad. Uno siempre dice ‘lo que recuerdo es una versión de lo que ocurrió’. Por lo tanto, la verdad escénica siempre es una versión de las verdades cuestionadas por la memoria de uno. Eso le da la dimensión profundamente humana al trabajo actoral. Lo que ocurrió siempre es una posibilidad. Entonces el trabajo de los actores tiene que ver exactamente con eso, con dar una posibilidad a una situación. Y si no se produce ese círculo virtuoso, no funciona el proceso actoral, no se logra la profundidad que uno busca. O por lo menos la que yo busco.

Marcelo Alonso ama el trabajo de actores como Philip Seymor Hoffman, Joaquin Phoenix y, por supuesto, Marlon Brando. “Siempre me ha encantado. Encuentro que es un enigma”, dice. Y cuenta que le gustan más los documentalistas que los directores de ficción. Su admiración por Herzog es infinita. “Creo que es uno de los creadores más importantes del mundo hoy en día. Es patrimonio vivo. Into the Inferno, Grizzly Man, Happy People y todos sus trabajos son maravillosos. Debe tener más de 80 años, pero es incombustible, de una fuerza enorme. Y de los chilenos me gusta la Maite (Alberdi). El trabajo que hizo con Paulina Urrutia (La Memoria Infinita) me fascina". 

Pero Raúl Ruiz, con quien tuviste la suerte de trabajar (fue su asistente teatral por dos años), también te debe gustar mucho.

MA: Sí, Raúl era tan autor. Era casi un documentalista de su vida, como que hacía un documental de su mente todo el rato. Tengo mucho rollo con todos los directores que hacen eso. La película Boyhood (2014), que ganó el Festival de Berlín a mejor dirección, es lo más emocionante que he visto en años. Y tiene que ver con documentar el tiempo real trabajando con los mismos actores durante años. El director (Richard Linklater) hace un documental del tiempo a través de la ficción. Eso me apasiona mucho. De la misma forma que me gusta Claudio Bertoni, el poeta. Me encanta la poesía, pero me gusta especialmente Bertoni, porque hace un documental permanente de la existencia.

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Trench, CAROLINA HERRERA. Camisa y jeans, TOMMY HILFIGER.

Las preguntas existenciales atraen a Marcelo Alonso, qué duda cabe. “He pensado mucho en todos los cambios que ha generado en las personas la pandemia. Personalmente, fue el momento donde sentí claramente que podría ser el fin de todo. Y hasta ahora me hago la pregunta: quizás fuimos espectadores de eso y estamos en un proceso, en el final de hartas cosas, del mundo como lo conocíamos. Me imagino que habrá muchos pensadores que están trabajando en eso (…) Hay una cierta desesperación o una sensación de final que hace que se abran las peores cosas del ser humano, quizás, y las mejores también”.

Y ahí volvemos al tema de la segunda mitad de la vida, de que eres un hombre maduro y quizás las reflexiones también vienen desde ese lugar.

MA: Sí, también. Quizás todo lo que te acabo de decir tiene que ver conmigo. Y también tiene que ver con que las cosas que uno quiere hacer debe hacerlas ahora, porque si no después no habrá posibilidad. Creo que también incide mi momento en la vida, como tú bien dices son 54. Uno saca cuentas. ¿Cuántos años buenos quedan? No sé, todas esas cosas que uno piensa, y le echa pa’ delante.

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Chaqueta y pantalón denim, FERRAGAMO. Polera, AURE 0001. Reloj, MONTBLANC.

Hace pocas semanas Marcelo Alonso terminó las funciones de la primera temporada de Estás ahí, Yin, obra dirigida por Cristián Plana que aborda la obsesión de un profesor con el hijo adoptivo de Gabriela Mistral. Ese trabajo regresará al Festival Teatro a Mil 2025.

Además, recientemente filmó Salón de Actos, película dirigida por Alejandro “Chato” Moreno. “Lo encuentro tan talentoso. Me llamó y me dijo ‘oye, quiero hacer una película’. Y yo no le pregunto dónde, cuándo, cómo, ni cuánto paga. Me interesa trabajar con él, estar cerca de su cabeza, porque lo encuentro brillante. Siempre está adelante. Es heredero de los creadores que están en la punta, investigando, siempre investigando. El año pasado vi Rescate, un trabajo de él sobre Andrés Pérez (director que murió en 2002), hermosísimo. A partir de todas las entrevistas a Andrés, Alejandro y otras personas que lo ayudaron técnicamente hicieron una descomposición de sus palabras, frases, vocales, y armaron un texto, una historia en donde hizo ‘hablar’ a Andrés Pérez. Lo encontré maravilloso. Yo había visto eso y ahora el “Chato” me dijo ‘hagamos esta película. Vamos a trabajar con Malú Gatica (actriz fallecida en 1997)’. Y le contesté ‘por favor, yo quiero estar, haz lo que quieras conmigo”.

Marcelo Alonso estuvo bajo las órdenes del director Rodrigo Susarte y filmó Imbunche. “Es una película realmente preciosa. La filmamos en Valdivia. Y el guion es increíble. Es un policía, al que mandan a un lugar específico del sur a investigar el caso de una niña que encuentran botada en la tierra en el medio del campo, embuchada. Y él va con su hija, que tiene la misma edad que la niña encontrada. La primera vez que leí el guion dije ‘ah, cresta, brujos, ¡qué difícil!’ Pero había leído a Mariana Enríquez, la escritora argentina que ganó el Premio José Donoso, y me di cuenta de que era un mundo muy probable. Lo que hace Mariana Enríquez con los brujos es hacerlos posibles, es algo verosímil. No sé si leíste Nuestra Parte de Noche, pero yo no podía dormir cuando lo leí”.

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Total look, CAROLINA HERRERA.

Tú estudiaste medicina y derecho, y te saliste de ambas carreras. ¿Nunca te arrepentiste de estudiar teatro?

MA: Nunca, nunca, aunque debería haberme arrepentido varias veces.

¿Por qué?

MA: Más que por la plata porque siempre tuve suerte de tener trabajo y poder vivir de esto es porque nuestro oficio tiene que ver con la incertidumbre. Mi hermano es médico y mi sobrina es abogada, y sé que en esas profesiones existen los espacios de incertidumbre. Pero en el caso de la actuación, el espacio de la incertidumbre es absoluto. Desde el ejercicio mismo del oficio. Uno nunca sabe lo que va a pasar arriba del escenario, nunca sabe si va a terminar la función, si va a ser buena o mala. Y también en tu carrera, uno nunca sabe si será la última obra de teatro o la última teleserie que va a hacer en su vida, o la última película. ¿Y si nunca nadie más te llama? (…) Hace poco, Benicio del Toro dio un discurso maravilloso cuando le dieron un premio especial por su carrera en los Platino: se centraba en la incertidumbre de los actores. Y me sorprendió. Me di cuenta de que todos vivimos el oficio de esa manera, incluso los que tienen carreras más sólidas o más vistosas.

Pero aun así no te arrepientes.

MA: No. Mira la estupidez, ¿ah?, la tonteeera (ríe).

En una entrevista dijiste que cuando entraste a la tele te sentías como el patito feo. ¿Cómo es eso?, quiero entender.

MA: Es que no sé, quizás los colegas lo van a entender más. Siempre los actores y actrices, más allá de su condición estética objetiva, tenemos una contradicción supergrande con nuestro cuerpo.

¿No te encontrabas guapo?

MA: No, no me encontraba guapo. No me encontraba lindo para nada. De hecho, me pasa aun ahora. Y por ejemplo, el protagonista de Succession, al actor irlandés (Brian Cox), dice que no puede verse en los monitores. A mí me pasa harto eso. Nunca me veo mucho en los monitores. Uno tiene una mirada deformada de sí mismo, como cualquier persona. Es muy difícil encontrar una persona que diga ‘yo soy precioso’. No conozco a alguien que diga ‘mira, yo soy un gordo realmente hermoso’. No existe.

¿Y el hecho de que muchas veces te dieran papeles de malo te complicaba?

MA: No, no, no, no, nunca, no tenía que ver con eso. No. Una de las cosas que uno debe aprender como actor es entender su casting, lo que significa tu cara para el otro. Uno tiene una cara con una cualidad expresiva que, si la pones en un lugar o frente a las otras personas, significa algo. Es apasionante enfrentarse a eso, lo que significa tu cara con respecto a los otros. A mí me ha tocado mucho hacer de malo, y uno dice ‘tengo una cara de malo tremenda’, pero no me quejo porque para mí los malos son maravillosos. Me encantan. Siempre he tratado de hacer un trabajo enorme con ellos. Ahora me pasó con Baby Bandito, la serie que hicimos para Netflix, que era ¡guau!, tremendo, un sicario que mataba a mucha gente.

Era bien malo.

MA: Sí, pero traté de darle un fondo, explicarlo, no hay gente buena ni mala. Me ha tocado tanto hacer de malo, y siempre me he dedicado a decir, a través de la ejecución del rol, que no existen las personas buenas y las personas malas, solo existen las situaciones que a uno le toca vivir, y a veces te ponen en algunos lugares y a veces en otros.

Y esto de hacer de malo, ¿crees que también tiene que ver con esta masculinidad, en el sentido más tradicional del término, que proyectas?

MA: ¿En qué sentido?

En que generalmente los malos se asocian a personas muy masculinas.

MA: No lo había pensado, puede ser, sí, puede ser.

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Blazer, AURE 0001. Reloj y anteojos, MONTBLANC.

Ahora, no es que tú busques esa proyección de masculinidad. Eres así.

MA: A eso me refiero con entender el casting. Uno no es responsable de su casting. Es bonito eso. Es como tu destino. Y, de alguna manera, todo actor tiene un destino que se lo da su casting, su forma concreta, física. Y en ese destino, como todo en la vida, está el crecer. Los griegos decían que el destino existía, y uno siempre tenía una mirada superfantasiosa de eso, muy asociada a los dioses. Pero el destino sí existe. ¿Por qué? Porque el destino es tu mente. La mente de uno es la mente de tu familia. Es tu destino. Y tu cara es tu destino también. Entonces el destino de los actores es su rostro. Y el destino de todas las personas es su mente, dada por su familia. ¿Y por qué está esa mente? Para crecer, claro, porque es algo que se opone generalmente a tu deseo.

Hace tiempo que no diriges teatro, ¿por qué?

MA: Porque el trabajo de los directores es un trabajo supercomplejo, y yo siempre he dicho que no estoy seguro de tener esa característica que es soportar la soledad de ese lugar en un momento determinado. Todo director de teatro sabe que cuatro días antes del estreno de una obra que siempre te ha gustado, en un lugar que siempre has querido estrenar, con actores que a ti te gustan y que a todo el mundo le gustan, y donde hay muchas expectativas… hay un momento en donde estás muy solo. Y yo soy una persona más bien sola, y creo que una de las razones por las que yo fui actor es para poder estar con gente, para tener la excusa perfecta de estar rodeado de personas que encuentro entretenidas.

¿Y te sentías buen director de teatro?

MA: Yo encuentro que lo hacía estupendamente, y lo hago estupendo cuando me toca hacerlo. A mí me gustan los resultados más que lo que les gusta a las personas ese resultado (ríe).

De hecho, hace muchos años el dramaturgo Juan Radrigán se enojó contigo por una versión que hiciste de su obra Las Brutas.

MA: Sí, pero Juan siempre me quiso mucho, y yo a él también. Imagina, yo, con 27 años, le cambié los textos. ¡Se los corté y le metí textos de Heiner Müller! Carerraaaaaja. Yo, pendejo de mierda, haciendo eso. Pero aprendí y nunca más corté un texto de teatro. Jamás.

¿Te sigue apasionando el ajedrez?

MA: Sí, mucho, juego todos los días. En este momento hay jugadas corriendo dentro de mi cabeza (…) Lo primero que hago cuando me despierto es jugar. Estoy metido en una aplicación mundial que es una joya, se llama Chess.com. Juego ajedrez desde que era muy niño, me enseñó mi papá. Y dejé de jugar mucho tiempo porque era muy difícil encontrar a alguien que también jugara (…) Me encanta todo lo pasado de moda. El ajedrez está pasado de moda. La poesía está pasada de moda. Además de Bertoni, me gusta mucho la poesía de Pablo Paredes. Es preciosa.

Claro, algunos dirán que eres como de otra época.

MA: Sí, yo sé. ¡Pero me gusta el reguetón! Me gusta Rosalía más que nadie. El segundo disco de Rosalía es el mejor del planeta. Esa cabra va a cambiar el paradigma de la música urbana entera. Lo encuentro increíble, con una poesía increíble en sus letras. La música urbana me encanta. Me encanta bailarla (…) Yo partí mirando en menos la música urbana, pero luego encontré que era un hallazgo. Creo que no hay que ‘ponerse viejo’ en ese sentido. Si la música urbana frecuencia de esa manera con la gente joven, a la que yo admiraré siempre porque Fernando González y todos mis maestros me enseñaron a admirar por siempre a la juventud, es por algo. 

Fotos: Paz Vásquez 

Styling: Carola Mancilla 

Producción: Fran Torres Carrasco

Maquillaje y pelo: Ale Cancino 

Asistente de fotografía: Camila Osorio

Agradecimientos: Matildas Hotel Santiago

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