Así era Gianfranco Ferré
Entre los años 80 y 90 Armani, Ferré y Versace eran las tres superestrellas de la moda italiana. Fallecido en 2007, Gianfranco Ferré cayó en un (relativo) olvido. Su directora de comunicaciones y brazo derecho de toda la vida, Rita Airaghi, es la protagonista de este retrato del diseñador.
Las camisas blancas con cuello y puños importantes, las chaquetas de geometría precisa y empoderadora, las faldas ajustadas, el oro como fundición sobre el cuerpo o material de preciosos bordados, los colores atrevidos, las referencias a Oriente... Un estilo, una silueta inmediatamente reconocible, un desfile que, junto a los de Armani y Versace, eran los más populares de la Semana de la Moda de Milán —que en ese momento duraba por lo menos diez días—. La muerte de Gianfranco Ferré, ocurrida en 2007, significó en poco tiempo el fin de la marca y la pérdida de su visibilidad.
Hoy, sin embargo, el trabajo del Centro di Ricerca Gianfranco Ferré del Politécnico de Milán, de digitalización y ampliación de los espacios de exploración de sus archivos, está devolviendo sus creaciones al centro de interés de la escuela de moda y de toda una nueva generación llena de curiosidad. “Las prendas de Ferré son verdaderas ‘arquitecturas textiles’ [Ferré era un graduado en Arquitectura del Politécnico], y pienso particularmente en vestidos de cóctel hechos con espirales y conos truncados que hoy estudiamos con fórmulas matemáticas”, afirma la subdirectora del centro, Federica Vacca. “También hacemos ingeniería inversa: a partir de la documentación reconstruimos prendas perdidas en el archivo, que cuenta con más de tres mil. Hoy, estudiándolo —para intentar reproducir las prendas con técnicas en 3D—, se ve con claridad lo absolutamente lujoso que era su trabajo en pret-à-porter. Mira su famosa chaqueta dorada perforada, no reproducible ni siquiera con las técnicas más modernas, porque está hecha de dos tramas superpuestas y la máquina no puede escanearla”. Hablamos sobre el fallecido diseñador con Rita Airaghi, directora de comunicaciones de Gianfranco Ferré y su eterno brazo derecho.
L’OFFICIEL: ¿Cuál era la visión sobre la mujer que tenía Gianfranco Ferré?
RITA AIRAGHI: Tenía una brillante idea sobre la feminidad. La suya era una mujer hermosa, inteligente, con personalidad, idea que se refleja en el casting de modelos para sus desfiles, con rostros importantes, expresivos y de carácter.
L’O: ¿Qué caracterizaba su trabajo?
RA: La precisión, una pasión declarada por la calidad, los materiales y los detalles. Estaba convencido de que, en un vestido, su interior debía tener las mismas características de perfección que el lado visible. Era extremadamente creativo, había elementos de la naturaleza en sus modelos, historia, paisajes, fotografía. Sobre todo, consideraba la colección el fin de una narración. Recuerdo, por ejemplo, un desfile dedicado a Sudamérica, inspirado en mil corrientes distintas, tomando ideas de la pampa, del tango argentino... En resumen, su moda era “razón y sentimiento", como el título de la última lección que dio.
L'O: ¿Cuáles crees que son las colecciones más importantes de su carrera?
RA: Diría que la primera. La primera de pret-à-porter, de octubre del ’78, inmediatamente reconocida por Style Star, el sello de aprobación de John Fairchild de WWD, un reconocimiento que significaba que los compradores norteamericanos hacían filas para los pedidos para tiendas por departamento. El primer desfile de alta costura, precedido por colecciones de trajes de noche para el mercado norteamericano en el ’84 y ’85, el que recibió un impulso decisivo gracias al fuerte apoyo de los grandes productores de seda de Como. La clientela se materializó de inmediato. Y la primera colección para Dior, de julio del '89, precedida por mucha tensión y dificultad increíble desde que llegó la petición y decidió dejar la alta costura romana.
L’O: ¿Cómo se relacionaba Ferré con la casa Dior y su fundador?
RA: Era meticuloso y preciso, comenzó a estudiar sus contenidos, descubriendo de inmediato muchos factores en común: le encantaban las telas masculinas utilizadas en vestuario femenino, los estampados, y sobre todo tenían la misma visión de la mujer, hiperfemenina, hipersofisticada.
L’O: Volviendo al casting. ¿Cuáles eran sus modelos favoritas? La primera que se me viene a la mente es Lynne Koester...
RA: Muchas, comenzando por orden cronológico: Aly Dunne, Dalma, Nicoletta Rossi. En los castings también llamaba a las modelos que ya conocía, para asegurarse de que aún correspondían a su idea. Cierta ropa, especialmente la que aparecía hacia el final del desfile, estaba pensada directamente para las modelos que la usarían, como Naomi, Carla, Linda... También le encantaba Erin O’Connor.
L'O: ¿Cómo era en la vida cotidiana?
RA: Tenía un carácter brusco, también con la clientela. Luego trataba de acomodarse de manera más amable. Antes del show estaba nervioso o enojado por los retrasos, pero nunca angustiado.
L’O: Vistió a muchas divas del espectáculo. ¿Podrían algunas ser llamadas sus musas?
RA: Tuvo algunas relaciones duraderas, con Liza Minnelli, con Milva, pero no había musas, y las celebridades no conocían su vida privada. Yves Saint Laurent, Valentino, compartían sus rutinas, cenas y viajes con sus divas y socialités, él no.
L’O: ¿Los fotógrafos que amaba?
RA: Trabajó con muchos de los fotógrafos más importantes del momento, como Barbieri, Herb Ritts, Michel Comte, hasta llegar a Lindbergh, Bettina Rheims, Meisel... Trabajó con ellos continuamente y cuando llegaba a cierto punto, los cambiaba. Casi siempre estaba en el set cuando se fotografiaban las campañas.
L’O: La camisa blanca es quizás la prenda con la que más se identifica su estilo, todo a partir de aquella fotografía de Steven Meisel con Robyn Mackintosh para la primera portada de Franca Sozzani en Vogue Italia, del año ‘88.
RA: Sin duda fue uno de sus puntos fuertes, aunque no se puede reducir solo a eso. La camisa blanca adquirió en retrospectiva una importancia casi identitaria, debido a la exposición y al libro.
L’O: Creó el archivo después de la muerte del diseñador. ¿Cómo nació esa idea?
RA: De su costumbre y la mía de conservar lo más posible. No archivamos. No éramos científicos, guardábamos material en cantidades infinitas para protegerlo, por el narcisismo....