Las pioneras del cine chileno
Gabriela von Bussenius, Rosario Rodríguez de la Serna y Alicia Armstrong de Vicuña fueron las primeras directoras de cine mudo en una época en que el país recién comenzaba a formar una incipiente industria cinematográfica, marcando precedentes y dejando un legado que vale la pena visitar.
El cine, una vez creado, no tardó mucho en llegar a Chile. Tan solo un año después de que los hermanos Lumière proyectaron en marzo de 1895 una secuencia de 50 segundos de los trabajadores de su fábrica en París, ya se estaba realizando en Chile un programa cinematográfico en la capital. Aun así, durante los primeros años solo se exhibía material extranjero en el país, además de uno que otro documental nacional, los que no tenían pretensiones narrativas.
Es en 1910 cuando cambia la situación. Se realiza la primera película nacional (Manuel Rodríguez, de Adolfo Urzúa) y siete años después, en 1917, Gabriela von Bussenius estrena La agonía de Arauco o El olvido de los muertos, melodrama épico de ficción, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir un filme en Chile. Si nos vamos al panorama internacional, Alice Guy-Blaché, considerada la primera mujer cineasta, cuenta con producciones realizadas ya desde 1986, aunque su merecido reconocimiento haya tenido que llegar décadas después. Resulta admirable que tan solo dos décadas después de la invención del cine, ya existiera en Chile una mujer con una película a su haber.
La película de von Bussenius, La agonía de Arauco o el olvido de los muertos, está escrita y dirigida por ella y trata sobre la trágica historia de una mujer que pierde a su hijo y a su marido en un corto periodo de tiempo: sin querer, el esposo golpea al hijo acabando con su vida, lo que lleva al posterior suicidio de este. Llena de dolor y como forma de encontrar consuelo, la mujer adopta a Catrileo, un niño mapuche. Un filme que, aunque se señaló en la prensa que no tuvo un buen recibimiento, conecta la tragedia de una madre con la tragedia del conflicto mapuche y da cuenta de un grupo relegado en esa época.
Los años 20 fueron una especie de época dorada de la industria del cine para Chile, con variadas producciones nacionales estrenadas a lo largo del país. Aunque Gabriela von Bussenius no volvió a dirigir luego de su único filme (se dedicó a editar revistas de cine como Cine Magazine o Pantalla y Bambalinas), a ella le siguieron Rosario Rodríguez de la Serna y Alicia Armstrong de Vicuña.
Rosario Rodríguez de la Serna dirigió dos películas: Malditas sean las mujeres, en 1925, que era una adaptación cinematográfica de la novela de Manuel Ibo Alfaro, y La envenenadora, en 1929, basada en un folletín publicado en el diario. Ambos filmes tratan la figura de la femme fatale, mujeres sin escrúpulos y villanas que no descansan hasta conseguir lo que quieren ―y que usualmente perjudican al personaje masculino de la historia―. Por otro lado, Alicia Armstrong de Vicuña dirige y produce en 1926 El lecho nupcial, el que fue un trabajo junto a otras mujeres, todas miembros de la aristocracia chilena. El filme trata sobre una joven que se casa con un millonario de origen humilde y esta en su noche de bodas le confiesa que años atrás vivió un apasionado amor con otro joven.
Aunque hoy en día el trabajo de estas tres mujeres sea más reconocido y se las identifique como propulsoras de la presencia femenina en la industria cinematográfica, en su época tuvieron que enfrentar fuertes críticas a su obra y trabajo, siendo cuestionadas o ninguneadas. Solo Armstrong de Vicuña tuvo un éxito medianamente bueno en el estreno de su filme, según se declara en algunos diarios de la época.
Luego de estas tres mujeres, existe una especie de laguna en la producción fílmica femenina, ya sea porque las consecuencias de la gran depresión llegan a nuestro país en 1929, dificultando el desarrollo la industria, o porque Chile tuvo que competir con industrias como la estadounidense, que no hacía más que crecer. Tendrían que pasar años para que en ciertos momentos asomaran nombres femeninos por aquí y allá, como Nieves Yankovic en los años 50 o Ximena Leyton en la década de los 60.