Chile e Italia se encuentran en "La California"
El actor nacional Alfredo Castro y el italiano Riccardo Frascari conversan en exclusiva con L’Officiel Chile acerca de la coproducción ítalo chilena que tiene a ambos viajando por el mundo, transformando sus acentos y descubriendo las posibilidades infinitas que el cine ofrece.
Un chileno y un italiano entran a un café... y se trata de Alfredo Castro (68) y Riccardo Frascari (28) en la conferencia de prensa de La California, filme producido entre Chile e Italia que se estrena hoy en cines nacionales. La película, dirigida por la también escritora y productora Cinzia Bomoll -especializada en novelas policiales- cuenta la historia de las gemelas idénticas Ester y Alice, cuya relación inseparable se ve afectada por la llegada del joven y atractivo chileno Pablo, de quien ambas se enamoran.
Si bien la producción fue liderada por importantes talentos femeninos de ambos países, la relación padre-hijo entre Alfredo y Riccardo es una línea dramática que, en partes, se roba la cinta. Mientras el primero goza de un estatus de culto gracias a una extensa carrera en el cine internacional -junto a El Conde (2023) y Los Colonos (2023), más recientemente-, el segundo, de origen italiano, se encuentra dando el gran salto a proyectos cinematográficos adultos tras haber forjado su nombre en la serie de Nickelodeon Club 57.
En exclusiva para L'Officiel Chile, los actores conversan sobre las oportunidades infinitas que trae la colaboración en el cine, la dificultad de dominar distintos idiomas y acentos, y la experiencia de trabajar con producciones lideradas en gran parte por mujeres.
L’OFFICIEL: ¿Cómo es la experiencia de trabajar con una directora mujer? Y, en el caso de Alfredo, extranjera.
RICCARDO: Para mí fue hermoso porque nunca había trabajado con una mujer como directora. Y no conocía a Cinzia, la conocí por este proyecto. Y la verdad sí me pareció distinto, en el sentido de que tienen una sensibilidad más afinada, de pronto. Y sobre todo en temas de manejo emocional con los actores, de lo que ella quiere de cada personaje. Es una directora increíble, que nos hizo sentir muy bien durante la grabación y la filmación. Sus direcciones eran en punto, precisas y detalladas, así que nos hizo el trabajo más fácil.
ALFREDO: A mí no me gusta hacer diferencias de género. Creo que el talento es talento, y el amor es amor. He trabajado con hartas mujeres directoras, y como que no hay diferencia… pero sí la hay también. Aquí son dos protagonistas mujeres, por lo tanto hay un femenino que corre por ahí. Y a lo masculino, Cinzia lo pone en un lugar muy siniestro también, antagonista. Hay evidentemente un mundo femenino y un mundo masculino. Una mirada especial.
L’OFFICIEL: En términos de narrativa, entonces. ¿Y de trato en el set? ¿Sientes que hay un trato diferente cuando se trata de una directora mujer?
ALFREDO: No. He tenido directoras mujeres mucho más duras que cualquier hombre. Que me han parado el carro. Una vez le propuse un texto a una, y me respondió: “Ésta es mi película. Cuando hagas tu película, tú haces el texto”. Más directo que un hombre.
L’OFFICIEL: Riccardo, estás intentando hacer una transición de actor un poco quizás más juvenil a roles más adultos, a películas y, quizás, actuaciones, más exigentes. ¿Ese desarrollo lo estás buscando o se te dio? ¿Qué te parece el proceso?
RICCARDO: La verdad es que sí, es una transición que estoy buscando, pero a la vez siento que toma tiempo, ¿me entiendes? Al final del día me siento actor y me siento enamorado de este oficio y me encanta hacerlo. Igual no tengo nada en contra de hacer otro proyecto juvenil porque igual uno le puede poner mucho profesionalismo y puede profundizar cualquier personaje independientemente del tipo de proyecto. Pero no es fácil: yo aparte vivo en Los Ángeles, entonces allá la industria es... Hay mucho trabajo, pero también hay mucha gente haciéndolo. Mis sueños son las películas y ese es mi objetivo. Siento que lo estoy logrando poco a poco, es una carrera que toma tiempo. Soy muy joven, tengo mucho que aprender todavía y eso es lo que me parece maravilloso – en nuestra profesión, uno puede tener hasta 70, 75, 80 años, y seguir aprendiendo.
L’OFFICIEL: Alfredo, a lo largo de tu carrera has trabajado en muchas producciones internacionales. Y, sobre todo últimamente, en locaciones muy distintas. ¿Es eso un aspecto que buscas, que te atrae de ciertos proyectos? ¿Te gusta viajar, te gusta ese desafío?
ALFREDO: Creo que tengo un hito súper importante que fue Tony Manero [2008, dirigida por Pablo Larraín]. Tony Manero es una película que, afuera, es de culto.
RICCARDO: Claro. Espectacular.
ALFREDO: Trabajando con Ed Lachman [director de fotografía de El Conde], un tipo que ha hecho películas súper importantes, un día llega al set con un DVD de Tony Manero y me dice: “Yo nunca le he pedido la firma a nadie”. ¡Qué verguenza! Pero sucede porque esa película la ha visto todo el mundo. O sea, el chico que trae el agua en el set me dice “te felicito por Tony Manero”. Es una maravilla en cualquier parte del mundo. Entonces siento que no depende de mí, sino que fue una oportunidad que la vida abrió. Que al hacer esa película, me ha tocado... Yo, como actor, no estoy en categoría de elegir lo que voy a hacer. A mí me llegan textos; algunos muy malos y otros estupendos y, generalmente, muy buenos. Entonces he tenido... No sé cómo llamarlo: fortuna. Pero estoy contento. Me pasan cosas lindas. He filmado en hartas partes. Ahora de hecho me voy a México a hacer dos películas. Entonces... Me están pasando cosas lindas. Me gusta viajar. Me gusta irme de acá. Me encanta. Encuentro que le hace bien a todos: a la familia, a las parejas, a los hijos.
L’OFFICIEL: ¿Desaparecer?
ALFREDO: Desaparecer dos meses y volver renovado.
ALFREDO: Hay que recalcar el fenómeno de las coproducciones; se está produciendo un fenómeno mundial de muchas, muchas coproducciones entre dos, tres, cinco países, que es la única forma de costear una película. Y eso permite entonces que hagamos una comunidad. Yo voy a México y ya conozco a diez actores, actrices, directoras. Y [hacia Riccardo] te va a pasar lo mismo que ahora en Chile. Tú ya conoces Chile. Está pasando algo que tenemos que valorar como humanidad.
RICCARDO: Eso hace el arte, unir a las personas. Es una de las cosas más maravillosas que puede lograr.
LOFFICIEL: Riccardo, yo no sé si tú conocías a Alfredo antes de la película. ¿Lo habías escuchado?
RICCARDO: No lo conocía en persona. Lo conocía como actor y ya me encantaba su trabajo. Cuando me enteré que me tocaba trabajar con él, estaba muy emocionado. Yo siempre digo que una de las fortunas más grandes que un actor puede tener, sobre todo de chico, es trabajar con actores con más experiencia y muy buenos como Alfredo. Uno puede aprender mucho. Me acuerdo de un día que estábamos en el set, y estábamos trabajando en una escena que no existía en el guión. Que eventualmente luego la cortaron de la película, que a mi parecer fue una de las escenas más bonitas que habíamos grabado entre nosotros dos. [Hacia Alfredo] ¿Te acuerdas? Esa en el sofá. Y empezaba desde una imagen que estaba en la cabeza de Cinzia o algo. Y entonces luego nos sentamos, pero dos horas antes, no más. Y escribimos algo. Y lo hablamos. Y yo me acuerdo que me dijo, “tú no hagas nada. Tú, tranquilo. Mírame a los ojos”. Y así es él. La verdad que actuar muchas veces se puede complicar con crear personajes, pero al final del día, muchas veces es nada más escuchar. Y estar relajado, y confiar. Y vivir en el presente.
ALFREDO: Y no actuar.
RICCARDO: Claro, lo que pasa es que uno necesita 20 años para aprender a no actuar.
LOFFICIEL: Para ambos, LA CALIFORNIA significó actuar en otro idioma. Creo que eso igual es un aspecto de transformación súper importante para un actor. ¿Cómo afecta en su actuación?
ALFREDO: A mí me afecta. Es que claro, Riccardo habla muy bien español – piensa en español. Yo de italiano no tengo idea. creo que es tu idioma. He hecho dos películas allá, una en siciliano.
RICCARDO: [ríe] Es una locura.
ALFREDO: Yo contaba la historia y memoricé las escenas con una coach y todo estupendo. Y les gustó tanto que me dijeron “vamos a hacer más escenas”, y yo les decía, "no puedo"... Me escribí un papel con las escenas, cómo se pronunciaba, ordinariamente como se decía, y me la pegaban abajo de la cámara. Entonces me decían acción y yo leía en siciliano.
RICCARDO: ¡Con acento siciliano! Es súper difícil.
ALFREDO: Me afecta porque tengo súper interiorizado que actuar, en el fondo, es más bien pensar que actuar. Como yo no pienso en italiano, me fue súper difícil. Estuve un mes o tres semanas pasando ese monólogo diez veces al día. Y cuando me tocó hacerlo estaba muy nervioso. Pero fue hermoso, la gente fue cariñosa.
RICCARDO: Claro, porque a veces cuando uno actúa en un idioma que no es el propio, lo que siento que pasa es que uno está más enfocado en cómo pronunciar las palabras y las cosas, más que en soltarse y nada más actuar – o no actuar.
L’OFFICIEL: Por lo mismo, ¿a ti, por ejemplo, en La California, con el acento chileno, te pasó?
RICCARDO: A veces, como con el mexicano o el colombiano, el hecho de hacer un acento, es más, hasta te puede ayudar entrando en el personaje, porque lo conectas al acento del personaje, entonces eso te ayuda. Obviamente, yo lo tuve que trabajar un poquito al principio, pero como ya me sentía muy cómodo en el español, nada más luego fue un tema de cómo adaptarlo al chileno.
ALFREDO: Ahí metimos chilenismos, yo le enseñé alguna que otra grosería: “huevón”, “cachái”, “sí poh”... Yo estoy ahora en clases de mexicano, por ejemplo. Y es súper interesante, el profesor me pasó un metrónomo y me dice: “Los chilenos hablan en 80 bits, los mexicanos en 40 y en 20”. Tengo que hacer calzar todo, hay frases mucho más lentas. El chileno es impactante. Vas entendiendo cosas: México está a 2500 metros de altura, no hay tanto oxígeno. Vas entrando en el rol, porque hablar a ese ritmo, el cuerpo, todo el organismo funciona en torno a eso.