Arte y Cultura

Pinceles, pasión y rastrillos

Hay dos cosas que el pintor Juan Martínez Macari nunca hace en su vida: ni locuras a la hora de pintar ni postular a los Fondart. A partir del 28 de mayo expondrá más de 40 trabajos en la Galería Patricia Ready. La mayor parte son pinturas realistas de flores que nacen en el enorme jardín que él mismo cultiva en Idahue.

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De niño, el pintor Juan Martínez Macari consideraba que el patio de su casa en Diagonal Oriente –lleno de árboles frutales– era fascinante. Tanto así que no le gustaba ir al colegio.

"La higuera que había en la terraza parecía un elefante, la plantó mi bisabuelo, y tenía casi 100 años. Era asíííí (hace un gesto con sus manos). No la podía abrazar. Imagínate la cantidad de estímulos que hay en un jardín. Los animales, incluso los ratones, los musgos, las frutas, el hacer mermelada, todo era maravilloso", dice este artista que hoy vive en Idahue y cultiva con sus manos su enorme jardín. 

"Yo estaba todo el día solo ahí, inventando juegos. Entonces no podía creer tener que ir al colegio, para mí era como ir a trabajar sin sueldo. Fui superporro. Pero cuando entré a estudiar arte fui un superbuén alumno. Me quedaba hasta tarde trabajando (…) Siempre estuve entre las plantas y la pintura. Me acuerdo que lo hablé con mis papás, y mi papá me dijo 'mejor estudia paisajismo, porque es más seguro que tengas una pega estable'. Pero tuve la suerte de que mi mamá me dijo 'tú eres artista y tienes que estudiar arte, es tu obligación'".

Cuando entró a estudiar a la Universidad de Chile dejó de pintar y se entregó sólo a las tareas que le daban los profesores. Y al tomar clases de grabado con la profesora Verónica Rojas empezó "a agarrar de nuevo el gusto por lo manual, por lo plástico, por el oficio". Hizo dos exposiciones de grabado y luego volvió a pintar. Porque el arte que siempre le interesó más fue la pintura. Bueno, en realidad UN solo tipo de pintura: la de Edouard Manet. "Que es bien distinto a Monet, y que es bien distinto a Renoir. Ellos no me interesan mucho. Los encuentro geniales, obvio, pero a mí me interesa mucho la síntesis de la traducción de la forma, y en eso Manet es un genio. Y, bueno, me puse a pintar, pero todavía pintaba mal". 

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L'OFFICIEL: ¿Y qué pasó?

Juan Martínez Macari: De repente, haciendo la tesis, llegué al trabajo de un artista que se llama Ben Nicholson (…) Y él es hijo de William Nicholson, que es un gran pintor inglés: vi una sola pintura de él y me obsesioné. Me enamoré. Y gracias a William Nicholson dije 'ya, yo tengo que pintar'. Y ahí me puse las pilas. Y eso fue el año 2014, once años atrás.

L'O: ¿Y esas son tus dos grandes influencias, entonces?

JMM: Sí, William Nicholson y Manet son las personas que más admiro en su forma de pintar. Manet es anterior a Nicholson. Nicholson nació en el XIX, pero murió en 1950. Y, curiosamente, es mucho más moderno Manet que Nicholson. Pero las naturalezas muertas de Nicholson son obras maestras. O sea, son increíbles, increíbles, increíbles. Y hay un millón de artistas que admiro y que estudio, pero si tú agarras el cuerpo de obra completo de Nicholson, Manet y de Giorgio Morandi, son los que siempre se repiten en mi investigación.

Martínez Macari dice que respeta mucho a los impresionistas, porque valora profundamente el trabajo de color que hicieron, pero, aclara, no le gustan. 

L'O: ¿Por qué no te gustan los impresionistas?

JMM: Lo que pasa es que a mí me gusta mucho la figura. Y a los impresionistas les cuesta la figura. Son más fondos, son más luz, más total. Aunque no sea un paisaje, se transforma casi en una abstracción de las luces; pero si te fijas bien, en la obra de Manet hay una soltura en la pincelada, y yo la encuentro muy como que viene de Velázquez, que es como traducir la realidad a las texturas, pero de una manera muy sintética, muy precisa, no se transforma en una atmósfera, se nota. 

L'O: Entiendo. 

JMM: Incluso a veces es casi como duro en su traducción de la realidad, como tosco. Eso para mí es la pintura. Y tiene un dibujo muy bueno (…) Para mí lo importante en la pintura es cómo tú traduces la realidad. O sea, yo hago pintura realista, figurativa. No hago locuras ni cosas abstractas. Y esa manera de traducir queda en la pincelada, que es lo que nos diferencia entre los pintores. Y eso es lo que me interesa de Nicholson. Tratar de ser lo más sintético posible. Son sesiones de pintura corta lo que yo hago. O sea, yo pinto del real.

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Por supuesto que casi todas sus obras nacen de las flores de su jardín. "Pero de lirios, que es mi flor favorita, y que colecciono, hice solo dos pinturas", confiesa, porque para pintar le gustan las flores menos "divas". "El lirio es como pintar a la reina. ¡Y a la reina con un vestido de gala, con cola larga de seis metros!", explica. Pero, aclara, la naturaleza es perfecta, el problema que los humanos han intervenido demasiado a los lirios. 

L'O: ¿Qué más pintas?

JMM: Hay mucha pintura de otoño, que son las anémonas japónicas. Y me fascina pintar cardos. Y últimamanete he estado sacando flores que no son de mi jardín; siendo honesto, más bien son las que salen solas. Tengo una pintura de una cicuta, que es prácticamente una maleza. Para la exposición donde la Patricia Ready (se inaugura el 28 de mayo) ya hay 40 pinturas, y quiero agregar un gran retrato con naturaleza muerta, porque ya estoy con ganas de retomar el cuerpo, la figura humana. 

Así como lo son su jardín y sus obras, la automirada de Macari también es muy concreta: "Yo no armo discursos de las obras y nunca presento proyectos al Fondart, porque yo no puedo hablar de algo que va a pasar. Odio los Fondart, encuentro que son una estafa. Me carga ese sistema. Nunca voy a presentar uno porque hay que engrupir. Y odio engrupir. Yo siempre he terminado las cosas y he mostrado lo que son".

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