Ignacia Murtagh: La belleza de la transformación
El agua del mar acaricia el espíritu de la piedra y le permite mutar. Esa es una de las tantas inspiraciones de esta talentosa diseñadora de cerámica, esculturas y mobiliario que define su trabajo como “poesía material”.
Hace poco tiempo la suegra de Ignacia Murtagh le regaló el libro Pequeño Dios, de Marilú Ortiz de Rozas, novela que habla de la vida de Vicente Huidobro. El pasaje en el que se alude al testamento poético del autor de Altazor le hizo mucho sentido a esta diseñadora chilena. “Se establece que el poeta debe actuar como creador, no solo como espectador o comentador de lo que la naturaleza pone ante sí”, dice Ignacia, y luego cita un pedacito del texto: “'Nada de anecdótico ni de descriptivo: la emoción debe nacer de una sola virtud creadora. Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol'”.
Dice que se sintió profundamente identificada porque ella siempre ha definido su trabajo como "poesía material". “Desde muy chica la naturaleza me provoca una emoción muy fuerte, soy muy observadora. Por ejemplo, sobre estas flores que tenemos enfrente, tú podrías decir ‘ah, qué lindo el ramo’, pero yo me estoy fijando en cómo pasa la luz a través de los pétalos o cómo se curvan, cómo son estos pequeños sistemas o, por ejemplo, en los colores jaspeados. Todo eso son criterios y emociones que después puedo traducir y comunicar a través del objeto. El objeto para mí es un gran vehículo de comunicación, de emoción cultural. No solamente cumple una función práctica, sino también una función estética y emocional muy fuerte”, explica.
L'OFFICIEL: ¿Cómo son tus procesos creativos?
IGNACIA MURTAGH: Creo que son bastante espontáneos, no sé si son tan premeditados, no me considero ese tipo de diseñadora que crea una propuesta y en dos semanas ya tiene algo listo. Mis trabajos son relatos, siempre van acompañados de una investigación muy profunda que se conecta a una inspiración, una emoción, una sensibilidad que me hace sentido en una traducción material, entonces puede surgir desde distintas aristas. Por ejemplo, puedo estar caminando en la playa y me gusta la forma en que se pliega el agua cuando se acerca a la orilla. O, por ejemplo, la forma en que se curva un tallo también puede generar una emoción que después se traduce en un objeto. O de repente puede ser una investigación que surge desde el material, como el lapislázuli, y toda la obra que he desplegado a partir de eso. Veo ciertos atributos en ciertos materiales que pueden expresar narrativas que para mí, desde el punto de vista creativo, son interesantes. (…) No es una metodología de trabajo que sea repetitiva, sino que cada proyecto llama a una investigación, a un proceso distinto.
L'O: ¿Cómo se dio el proceso del mobiliario que hiciste para el Palacio Pereira?
IM: Ese es un trabajo del cual me siento muy agradecida por la confianza que el equipo puso en mí. Recibí una invitación de Alexandra Edwards y de Carolina Delpiano. En este caso fueron los cruceros, el acceso del Palacio, y me dijeron "Ignacia, haznos una propuesta". Fue un proyecto que, creativamente hablando, partió con una base muy libre, y dije "bueno, este es un espacio que habla de la cultura, de la historia de nuestro país" (…) Hace mucho tiempo que quería trabajar con el lapislázuli, reivindicarlo, porque creo que pocos saben que es nuestra piedra nacional y que tiene muchos atributos. No es solamente en lo que la puedes transformar, sino todas sus vetas, todos sus colores, es un material muy interesante. Y creo que (ese trabajo) invitaba a cierta introspección, a un silencio, a un encuentro mucho más íntimo, poder sentarte en el Palacio Pereira y reflexionar de su arquitectura, de su historia en estos bancos esculpidos que también hablan mucho de la materialidad de nuestro país.
¿Y te gustó el resultado, quedaste contenta?
IM: Sí, quedé muy contenta, y de hecho quedé corta, porque el Palacio Pereira fue la antesala para toda la obra que he desplegado después. Para el Palacio creo que lo más emblemático fueron las bancas de lapislázuli, que ganaron el premio Chile Diseño, pero desarrollé otras piezas, como las alfombras NUNA, que hicimos en un color rubí, porque el techo tiene toda esta serigrafía de William Morris en un color rubí precioso. Hice todas las mesas de la cafetería, taburetes esculpidos. Fue un proyecto muy libre, desarrollamos lo que es mobiliario de autor, son piezas únicas y, como te decía, fue la antesala para hacer después obras un poco más maduras, como la exposición Encuentros, que hicimos este año con Collectio.
En todas tus obras hay una sutileza en las formas, en las superficies. Son piezas que dan ganas de acariciar de alguna manera, ¿de dónde surge eso?
IM: Creo que hay ciertas características del trabajo como artista que no necesariamente se pueden definir con alguna explicación, sino que más bien son lenguajes que se han convertido en algo propio: desde muy chica que recojo piedras en las cercanías del agua. Y de hecho hay un poema de Leonel Lienlaf que habla de cómo la piedra se transforma con el agua, de cómo el agua acaricia el espíritu de la piedra, él habla de la piedra en flor. Eso fue algo que me gustó mucho, porque realmente el agua tiene este diálogo transformador con la piedra, y cuando estas piedras llegan a la orilla del mar ya están bien ovoides, con cantos suavizados (…) Esta forma fluida, pulcra, siempre ha sido de mi interés y la he ido desarrollando desde muy temprano, desde mis primeras cerámicas hasta hoy en las esculturas o los mobiliarios.
Ignacia Murtagh es parte de ICONS junto a la colección Lock, un proyecto de Tiffany & Co x L’Officiel Chile.
Dirección general: Jaime Aguilera
Dirección creativa: Ailyn Salvo
Cámara: Carlos Saavedra
Asistente de cámara y montaje: Felipe Mercado
Producción: Pedro Aguirre
Asistente de producción: Raimundo Hinzpeter
MUA: Antonia Peña
Entrevista: Paula Olmedo